Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
aquél proverbio castellano del Poco a poco, hila la vieja el copo necesitará ü n á ejcplicacióii para que los niños que ños oyen en 1960, nos comprendan. Una Mea como la de qué no debemos ni hablar mal del propio país, ni de lo nuestro, es fácilmente expresada acudiendo al pájaro en Francia: Vilain oiseau qui salit son nid ya que, en efecto, es mal pájaro el que mancha su nido. No es nada nuevo que el pueblo aplique significados peculiares a palabras muy usuales. Una de ellas es oiseau, que sin dude por la clase de pájaros que las manejan, designa la ganzúa o palanqueta del ladrón en Francia, aunque ese mismo instrumento en Alemania haga pensar no ya en un pájaro, itno en un ángel, El Ángel Azvil esa magnífica interpretación d e Marlene Dietrieh, que en su apellido no lleva gancho como muchas otras mujeres, sino ganzúa, significado que puede encontrarse en cualquier diccionario. Si el lector este verano se encuentra en Francia (y es un buen deseo que formulo para el tiempo venidero) y por ejemplo ve trabajar a unps albañiles, no se sorprenda cuando oiga decir: Porte I oiseau! y vea a un peón que trae la artesa para la argamasa; es lo que le han pedido. De alguien que se hace el inocente o pretende aparentar serlo, decimos con ironía: ¡Mira, el o la mosquita muerta! expresión que en francés traducen diciendo: Faire I oiseau sencillamente: hacer el pájaro. Terminamos trayendo nuevamente a cuento al pato. El da nombre a la revista que cumple los mismos fines de desopilación, semanalmenté distribuida, que tiene entre nosotros La Codorniz allí se llama Le Canard qui rit (el pato que se ríe) Pues bien, cuando el termómetro está para pocas bromas en diciembre, dirá un francés: ü fait u n froid de canard hace un frío de pato) y estará asegurando con toda su alma que hace un frío que pela, que es inso- portable. Con todo, hay otros canard que no lo son tanto, antes al contrario, se hacen agradabilísimos al paladar, ya que con esta palabra se designa allá a los: terrones de azúcar empapados en ariís o coñac. Popularmente, llamarán canard también al caballo los campesinos franceses. La misma expresión emplearán al hablar de un cantante que ha hecho un gallo al entonar su partitura, y para qué seguir; durante estos días los periódicos parisinos han estado llenos de canards o sea falsas noticias o rumores, a propósito de la tan cacareada conferencia en la cumbre, de la que los alemanes han dicho, pensando en las gallinas: Viel Geschrei, wenig Ei Mucho ruido, pocos huevos) Cosa que aquí en Burgos decimos: Poco ruido y muchas nueces con lo que hacemos una bonita antinomia estilística, que otros más cultos que yo sabrán expliJ. L. A. iBliiiliili ViVALDI (1) Hay q u e reconocer a Hispavox 1 mérito de su abeoción p r e í e r e a t e h a ia repetrtoráa- s no multitudinarios: loa ummíios clásico y conte- mporáneo, b a s t a n t e menos áíirmiaidós en la eensibi lídad de la multitud que el romántico, o r a noi 3 m u e s t r a C i n c o stupenflois Oonciertos de Antonio Vlvaldi: los n mi m e n o r fa m a y o r r e mismor d o m a y o r y r e m e n o r En líos g- ustamos diversas combinaeionies, desde el conjunto simple de cuercla hasta e l g r u p o citado con eXav cín, d o s vi. olin s, un oboe y hasta dois t r o m p a s eolástas. Tanto p o r eso eoimo por la riq ueza de invención del músico, siempre inspirado, no hay p e ligro a lgniino de monotonía. Loe e l e mentos deil Conjunito Instrumiental J. M. Leolair dirigidO S por J. F. P a i ilard, se producen con gran a l t u r a Las ejecuciones son de pulcritud y expresiiviidad ciertas. La fidelidad en la reproduoción. muy granide. ü n diseo, Q suma- reoomiendaible. RAVEi. -2) Con el coimplemento- -idásco bien aprovechado, en v e r d a d! -d e l aimahle Menuet Antique y la evocadora P a TOÉa para una infanta difunta aquél en su original pianístico, nos ofrece B e l t e r con buen registro lo: 3 dos estupendos conciertos de Ravel q u e coijíió al t e c l a d o el en sol m a y o r y p a r a la mano izquierda P u r a tieiri po central bellísimo, a q u é l h o n do y épico, de gran laiiento, éste. Amb o s perfectos para oonipletarse. J a s cha Horenstein- se acredita a l mando de la Orquesta de Conciertos Coilonne oomo un experto maestro, seguro, en la conducción y la justeza con eil s o Usta. Vlado P e r l e m u t e r dem tíestra s u conocimiento y dominio de las obras en lo que atañe a la parte mecánica y también al eistilo. Sin una particular delicadeza, con tendencia más a lo d i recto que al mundo de evasión de a l g u n o s iestanties, s u labor es siempre dominadora y firme. PUede resumirse el juicio diciendo q u e el intérpirete sabe lo que quiere y lo alcanza. Sin q u e Un pereonalfsimo deseo de u n a voz más poética limite la verdad de que l o s resultados son eiempre mejor q u e buenos. MOZñRT- PROKOFI W (3) ma por el vioilín jn apoyo de la or- queísita. Nunca P r o t o í i e w se ha m o s trado con un lirismo, diríamos un h á lito romántico m á s aousado. Para que nada, falte, la calidad técnica del disco responde a esa claridad y orden que hemos señalado, como virtud más d e s taoable. Comipiletemo- s las- referencias de las o b r a s se trata del T e r c e r concierto, en sol m a y o r de Mozart y el Segundo, en sol m e n o r d e P r o kófiew. GUITARRA (4) DebemOiS a Zafiro el disco e n q u e Narciso Yepes, uno de n u e s t r o s m e j o r e s guitarristais, ofrece un s e d u c t o r recital. El repertoriOj muy brillante y eficaz, nos traslada con feliz inquietud d e s d e las Cuatro dlíerenicias de Narváez, nueva m u e s t r a de la inspiración del extraordinario músico, a u n a muy gitarrística D a n z a de Ruiz Pipó. En medio, páginas arctoipopuliares como 1 E n s u e ñ o de T á r r e g a otras que merecen serlo, como una S u i t e de Gaspar Sauz, y fragmentos de Sor, Turina y Villalobos, el compositor brasileiro que falleció r e cientemente y presidía la relación de los músicos americanos. Yepes actúa con sai pf- overbial precisión de técnica, su do- minio del mecanismo, -su buen estilo y un sonido ne del todo puro, un punto estridente, asipecto quizá imputable al concertista, pero quién s a b e 6i también a la reproducción, pnr lo demás plauísibíe. Pero el d e fecto e s mínimo entre tantas virtudes q u e justifican el más abierto aplauso. Antonio FERNANDEZ- CID (1) (2) (3) (4) Hispavox H E 60- 17. Belter 3 0 1 8 4. Voz Jé su Amo LALP 428. Za- firo 2 L 36. travesura, vivacidad rítmica, gozo del áftenito y la graeiá, -oom el ¡remajoso del El maridiaje Mozart- Prokofiev (7 q u e podría p a r e c e m o s no muy recomendaWe en eJ papel. ra, sulta en el disco L a Voz de su Amo a que se refiere esta nota, sencillamente ideal. Para d a r unidad a estos mundos aparentementie dispersoi? coiniCideo m u c h a s c o s a s fundamentalmente e orden, la clariH dad. Orden doble, dentro de las coraposiciones, animadas por un deseo de cantar que triunfa en el a u t o r clásico pero también dentro de la obra del contemporáneo, con la excepción de un flnaV incisivo y vivaz: orden también por lo que se refiere a las versiones magníficas por prarte de Baéil Gameron y la Sinfónica de Londres, y sencillaj n e n t e ejemplares por lo queafecita al isoJiista Leonid Kogan, que Iwoe un s o nido elaro, nítido y seductor en la e x presión como en el timbre. Crfnviene insistir en la fuerza directa y atfaetiva de la obra de Prokófiew, Me el a r r a n q u e jgn lel que s e presenta el t e-