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EL BARRIO DE ZOFIO HA F L O R E C I D O o parece absurdo pensar que Dios haya creado las flores para que sean el, lujo de las igentes que no pueden procurarse aquellos otros que lucen tras los crístaíes de las tiendas suntuosas. ¿Y qué lujo mayor que la seda purisima de una rosa o el perfume oriental del clavel macizo y despeinado? JNo hace falta dinero, o casi nada, para alegrar la casa on un tiesto florido. Sí hace falta, en cambio, una gran dosis de paciencia, de buen gusto, de amor. Todas estas virtudes han demostrado tenerlas los haibitantes de los poblados sindicales de Fuencarral, Canillas, Caño Roto, Vista Alegre, Villaverde y Zofio, con motivo del cuarto concurso de floricultura que ha convocado recientemente I Instituto Nacional de la Vivienda, en colaboración N con la Obra Sindical del Hogar y Sección Femenina. ÜN BALCÓN ANDALUZ EN AFUERAS DE MADRID LAS Es el que ha obtenido el primer premio en el barrio de Zofio, que hemos visitado conducidos gentilmente por la señorita María Victoria Jiménez. Montones de tiestos cuelgan graciosamente distribuidos a lo ancho y lo alto del balcón que cuida doña Elena Martín. Cuesta trabajo encontrar u n hueco para asomarse, en medio de la opulencia de las petunias, de las espuelas de caballero. ¿Usted sola se ocupa de cultivarlas? -Sí. En casa somos ocho, pero cada uno tiene que atender su trabajo. Esto de las flores lo hago yo, porque me gustan mucho. Debe ser difícil sujetar los tiestos del techo y de las barandilla para que no se caigan... Con alatnlbres, simplemente. Los hierros que venden a prepósito son muy caros, ¿sabe usted? ¿Y cómo consigue que crezcan tanto las. plantas en macetas pequeñas? -Poniéndoles buena tierra. Tierra bien negra. Si no, es perder el tiempo. La tierra es lo principal. ¿Y después? Después, echando estiércol, con perdón. Me voy allá lejos, donde pace una imajada de ovejas y yo misma lo traigo. lEl sistema debe ser bueno, porque no hay duda de que las plantas están preciosas. ¿Y en invierno, no se hielan? Si las dejara en el balcón sí, claro. Por eso las entro mientras duran las heladas. y las vuelve a sacar en primavera... ¡No! Hay que sacarlas todos los días un ratito, a la hora del so! Y son más de cien. Un iprimer p r e mio al arte de doña Elena y a su paciencia. Se lo tiene bien merecido. SETENTA Y CUATRO AÑOS Y H U MOR PARA CULTIVAR FRESAS A doña Francisca Díaz Moreno le ha correspondido él segundo premio por lo bonito que tiene su patio. En él hay rosas y una parra cuajada de racimos todavía verdes que prometen una buena cosecha. A ras del suelo, una mata de fresas. ¿Le ha dado fruto, doña Francisca? ¡Ya lo creo! Lo menos dos kilos de fresas hemos cogido. Y qué buen sabor deben tener las fresas que nacen en un cuadradito de terreno que se mide con un par de pasos largos y que se han visto crecer poquito a poco, durante meses. Cuida usted sola el jardín? ¡A ver! Me quedé viuda apenas vine a Madrid... Los ojos le brillan, a punto de la lágrima. Continúa con voz temblorosa: ¡Quién lo había de decir! Mi marido, un hombre que daba gozo verlo, dicho sea sin despreciar a nadie... Y morirse de repente... La señora de Blanco, en un rincón de sii patio- cuya fotografía en color s s jiublica en la poptadf Ha de Cuarto de Estar.