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-Soy yo, larfta. ¿Qué ocurre, por Dios? -Tengo miedo. ¿l lie Jo? ¿Por qué? -Venga n seguida, Paul. bres dé la vfcttoa, que vivía compaetamente solo en su domicilio. 4) Las emanaciones de la cJorhidrina de etileno iiroseen un aMxi grado de toxicidad y sus efectos son casi instantáneos. 5) íEl partero ha QU ado descartado como sospechoso. 6) M anticuario sentía una pasión especialmente particular por los relojes, de ios que cuidaba personalmente anotando en su agenda cualquier desperfecto de los mismos incluso marcando cada lunes. Marita se levantó y admiró durante unos momentos dos candelabros colocados sobre la chimenea en los que no había reparado cuando entró en la habitación. Y, de repente, algro Impalpable llamó su atención produciéndole nn nuevo sobresalto. Tardó cerca de un minuto en darse cuenta de la causa que había producido fal sensación. Era el silencio, el absoluto silencio que envolvía él cuarto de estar. De nuevo miró hacia los relojes y entonces descubrió que todos se hallaban parados y. una vez más, le pareció que la observaban con tristeza como si echaran de menos la mano viva del dueño que, al morir, había abandonado su afición preferida dejando que se detuviesen uno a uno hasta que ios numerosos tic- tac de aquella habitación quedasen sustituidos por un frío y definitivo silencio. La muchacha aparró las luces y salió precipitadamente a la escalera. Hacia mucho tiempo que no experimentaba el temor que, de pronto, se había apoderado de su ánimo. Bajó a ciegas hasta el primer piso. Lueiro encendió la linterna y descendió hasta la planta baja en una desesperada huida. La calle estaba desierta, pero la muchacha continuó corriendo sin valor para mirar att ás hasta el automóvil que había dejado estacionado en una transversal; puso el contacto y se dirigió a toda velocidad hacia el centro en busca de luces, de gente, de calor humano. Por fin se detuvo ante nn cabaret que permanecía abierto toda la no e; entró y desde una de las cabinas de teléfono público marcó el número del inspector Delar. Al cabo de cinco largos minutos oyó la voz somnoiiente del policía. ¿Quién es? -HSoy yo, Marita. ¿Qué ocurre, por Dios? -Tengo miedo. ¿Miedo? ¿Por qué? -Venga en seguida. Paúl. ¿Dónde está usted a las cinco de la madrugada y con una orquesta? En nn cabaret de la calle Blenda. ¿Cuánto tardará en llegar? -Unos diez minutos. ¿Ha descubierto algo nuevo relacionado con el después de dai- les cuerda, 1 adelan- asesinato de Tuneiko? to o atraso de cualquiera de ellos. Marita no contestó a aquella pre 7) íESxistenicia de una escalera de gunta porque su pánico había lleincendios en el patio interior, don- gado a tal extremo que ni ella misde estaba instalado el extractor de ma quería confesarse que creía conocer el nombre del culpable. aire. Y, sin embargo, media hora des 8) No olvidar las restricciones eléctricas que ipawieoían aqu vera- pués, sentada junto al inspector y no dos habitantes de la capital a salvada la crisis nerviosa, quedó decons wenicia de las cuales los mar- finitivamente resuelto el caso del tes, miércoles y sálbados, fSL baiTlo anticuario. donde se haHasba situada la casa dte ¿Quién lo mató? Itoielko carpía totalmente de fluido elétítrico. (Solución en las páginas azules.