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otros tantos ojos abiertos en muda y expectativa crítica. El dormitorio comunicaba directamente con el salón y sus dimensiones eran mucho más reducidas. La muchacha contrastó la hora de su reloj con la de uno magniñco de péndulo y pesas con caja de madera tallada y perforada 4 ue se hallaba a la izquierda de la puerta principal en un ángulo de la habitación. Después pasó a la cocina y estuvo observando durante unos momentos el extractor de aire eléctrico ue daba sobre un patio interior de la casa. Por fin se sentó en una de las butacas y con los ojos entornados empezó a recordar los detalles del asesinato. M oaidáver había sidi descutoíerto, el miércdles 13 idie jiuiio, por el pcntero déd edlfiicdo, qtiien, extrañado ante üa diesaiparlción diell antieuario, nltró en fel ¡piso y atvisó inmeditaroeUte a la ipoMoía. íEll foremse, después die practicar la aiitapsía, dictominó que la muerte óebió sorprenüier a la vlcídma entre ¡las dos y tos cínico de la madrugada dei lunes y que, ipor lo tanto, TuneJko llevaba más dé cuarenta y iGciho ¡horas sin vida cuando la brigada de homicidios tuvo noticias del iheioho. Bl cuertpo, enfundado en un pi jama de sdda verá oscuro, se toaillaba tendido en la cama, COTTIO si anticuario h u b i e s e m. uerto 1 mientras dormía, a consecuencia de emanaieloinss de c lorhidrina de etileno, Mquido incioioro e inodoro que se eivapora a la ítemíperatura ambiente. iMarita exitrajo ima libreta del bolso y repasó las anotaciones q. ue había escrito aquella misma tarde en ¡te Jefatura de Policía: 1) Existían ünicaihente dos sos ¡pediosos, los des benefl darios del testíameníto otorgado por Tun lko: Alvaro Casia, soltero, de veóntinueve afios, sobrino y socio del anticuario, gran aíLcionaido a la caza que había salito en vteje de negdcios para Suiza el lunes 4 de julio y que i- egresó a la ciudad el día 12, víspera de la fetíha en que fué hallado el cadáiver, y Mario Nakopulos, dej treinta y cinco años, die origen griego, estrechamente vinculado a Tunelko, al (parecer, i or viejos lazos de anuistad. 2) La mayor dfflcuiíbad de aquel caso estribaba en que ambos sospedtiosos cataban fuera de ila capitsül el día del crimen, pues Marlí se había ausejitado también ea jueves 7 de juMo para a; d Stir a una subasta de antigüedades en Milán y había regresado, por vía aérea, en la tarde del lunes 11, varias horas después de la m Uerte de su amigo. Marita volvió a examinar sus notas y escribió a continuación: 3) Tanto Casia como Nakopdúos disponían de llaves del departamento y conocían a fondo las csostam- a Lo que más llamó su atención fué la colección de relojes. La muchacha contrastó la hora del suyo con la de uno maanffico de péndulo y pesas con caja de madera tallada... Y 4 e repente, algo Impalpable llamó su ftenciónt produciéndole un nuevo sobresalto. Era el silencio, el absoluto silencio que envolvía el cuarto de estar. De nuevo miró hacia los relojes, y entonces descubrió que todos se hallaban parados...