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PROBLEMA POLICIACO V PaWo MAGAZ inhalación de valores de clorhidrina de etileno. La excursión nocturna de Marita se debía a un impulso de sn intuición femenina y a un afán de resolver aquel caso de asesinato ani. es de que el inspector descubriese al culpable. La muchacha sabía que se exponía a un serio disgusto con Delar, pues el piso había permanecido cerrado desde que los fotógrafos y especialistas en huellas dactilares habían terminado su labor. Sabia también ue lo mismo que ella se hallaba en aquella escalera en posesión de una llave que le franquearía b entrada del departamento, el asesino jtodia encontrarse, t I vez, en el interior del piso. Un extraño hormigueo le recorrió la espalda y sintió que sus piernas temblaban. Pero desechó aquellos temores pensando, no sin cierta lógica, que un hombre inteligente que había conseguido borrar basta aquel instante todas las huellas del crimen, no expondría su bien preparado plan al fracaso más que con algún motivo fundamental... y, sin embargo, la intuición de la muchacha parecía advertirle que corría un peligro inmediato. Avanzó, a tientas, unos p sos más. Buscó la pared para guiarse en el ascenso. Pasó por el descansillo del cuarto piso, y a medida que se acercaba a su meta el desasosiego aumentaba, produciéndole una extraña sensación de ahogo. Márita se detuvo al fin junto a la puerta de entrada. Enfocó la linterna para comprobar que se trataba de la letra C. Después introdujo la llave en la cerradura, emipujó la pesada hoja de madera y se introdujo en el piso. Después de comprobar que la única ventana del salón estaba herméticamente cerrada, encendió las luces. El departamento era muy pequeño. Constaba de un cuarto de estar, un dormitorio y una minúscula cocina. Pero las habitaciones se hallaban amuebladas ccn un lujo extraordinario. La muchacha permaneció durante unos instantes apoyada contra una de las paredes del salón observando: tres alfombras persas, un buró de caoba, una colección de cuadros entre los que le pareció reconocer un Mánet, un tresillo, varias mesitas, ¿os pantallas sostenidas por sendas figuras policromadas, y un mueble bar constituían el mobiliario de la habitación principal. Pero lo tve más llamó su atención fué la colección de relojes. Desde la- chimenea, desde las mesas y desde las paredes las esferas grandes o pequeñas con sus manecillas negras y doradas parscían observar como fk Sabía que lo mismo que ella se hallsba en aque. ía escalara, en por sesión de una llave que le franquearía la entrada del departamento, el asesino podía encontrarse, tal vez, en el interior del piso, y su intuición parecía advertirle que corría un peligro inmediato. EL CASO DEL ANTICUARIO M ARITA subió los escalones silenciosamente. A aquella hora de la madrugada el interior del lujoso ediflcio se hallaba envuelto en la más absoluta oscuridad. Procuraba amortiguar sus pisadas en los peldaños de mármol. La muchacha hizo un alto en el tercer piso sintiendo acelerarse los latidos de su corazón. Llevaba en la mano derecha una pequeña linterna y en la izquierda un bolso blanco en el que guardaba, entre otros objetos, una llave del departamento C de la quinta planta, donde cuatro días antes había aparecido el cadáver de Sabastián Tunelko, hombre de cincuenta y cinco años, anticuario y coleccionista, que había muerto mientras dormía, per Encarna al personaje MarJta Zagam la looutora de Radio Madrid Alicia López Budla. (Fotos Sanz Bermejo.