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i? v- i jfi j S v A a i. t m El cochecito c ligero. Marisol, como una reínecita rubia entre sus vasallos, capitanea con su voz cantarína las del coro de golfillos que la escoltan a píe o en bicicleta. requerían p a r a intervenir en algún juego divertidísimo. Y eso es en realidad ahora el cine para Marisol: un juego apasionante. En un cochecito amarillo y negro, arrastrado por un caballito enano, avanzó, capitaneando 3o n su voz cantarína las del coro de golfillos que la escoltatoan, a pie o en bicicleta, hasta llegar a la doble escalinata de la casa. Allí bajó de un salto y, resplandeciente de alegría la carita sonrosada, se lanzó jubilosamente hacia Julio San Juan, su abuelo en la Acción, con quien se fundió en un estrecho abrazo. No sé cuándo me maravillé más, si al contemplar la naturalidad con que interpretó la escena o si fué cuando más tarde la vi escuchando los reparos que Lucia opuso a su actuación. No oía las palabras, pero me iítnipresionaron su oeñito fruncido escuchando las instrucciones del director y sus gestos de asentimiento, por los que dedujimos que se había dado cuenta exacta de ilo qué de ella se exigía. Y así era. Tanto, que cuando se repitió la escena, salió a las mil maravillas. limpiamente, sin recurrir a trucos, ni a esos bu- bu- bus con los que algunos flamencos pretenden disimular la falta d e facultades. Y como el descanso se prolongaba, ella se despachó a su gusto... y al mío. Luego se disculpó por no bailar. -Sin música, resulta muy saborío Me explicó que en la película, además de fandangos, verdiales y alegrías, acompañada a la guitarra, canta u n Pasodoble español Adiós al colegio Nana italiana Santa Lucía Caballito Currucueú y por fin el Himno guerrero que con expresión graciosísima me canturreó por lo bajito. Al terminar, Julio Sanjuán, que la miraba embobado, como si fuera de verdad su nieta, comentó: -i Es extraordinaria! A mí me Tuve la suerte de que Marisol cantará exclusivamente para mí. Fué en otro descanso del rodaj e y en un rincón sombreado por los altísimos árboles que rodean ¡la histórica casa que fué de ios Osima. Emipezó con unas alegrías. Echó el ouerpecillo h a cia atrás, mienitras se entonaba, y luego se lanzó abiertamente a la copla, con. voz firme y potente, casi impropia de sus años: Viendo el coló de la rosa un lirio se entristecía, sintiendo celos de verla del jardín la prefería... Se acomipañaba con las manos, que sabe niover con soltura y oportunidad, y un gestecillo enfurruñado muy gracioso, de cantaora por lo grande Me encantó. Marisol canta no sólo con la garganta, sino con la cabeza y el corazón, sabiendo lo que canta, sintiéndolo e intecpretándolo canta y cuando baila que cuando representa. Y Luis Lucia, qiue se había acercado al grupo, se adhixió a la alabanza; deja asombrado. Lo mismo cuando