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Con gracis, cariño y simpatía radiante, iVIarisol ha logrado amansar a su abuelo- -Julio Sanjuán- Ella acabará siendo la dulce y amable dueña de la casa. trenzas i- bias y encendido el rostro, vivo y encantador. -Marisol- -le dijo con ironía Goyaiies- Tienes QUS ser muy amable con esté señor morque es periodista. A Marisol le relucieron los ojos aztües y luminosos, mientras palmoteaíba jubilosamente, y un momento mÁs tarde, al enterarse de que yo era malagueño como ella, no opudio reprimir un vivísimo impulso y, echándome los taracitos al cuello, me besó. Luego se ruborizó, contestando primero tímidamente a mis preguntas; más tarde, con más familiaridad, y, poco después, éramos g r a n d e s amigos. Me conquistó desde el principio. Por las fotografías- más expresivas si fueran en color- -que acompañan este artículo, ipodrá comjprobar el lector qufe físicamente Marisol se corresponde de verdad con el título de su película. Es una auténtico rayito de luz Pero aun cuaiido el mirarla constituye un delicioso espetíáculo, lo que más encanta en ella es su trato gracioso y sencillo de niña, niña su espontánea naturalidad y su candor, matizado siempre con un puntillo de ironía maliciosa, que a veces se asoma en siis respuestas. ¿Cuándo empezaste a cantar y a bailar? ¡Qué sé yo! Yo creo que desde que nací. Por lo menos, yo no me acuerdo cuándo fué la primera vez... ¡Me gusta tanto! Marisol fué una autodidacta. Me lo estuvo contando. Nadie Is enseñó ni a cantar ni a bailar. Solía improvisar el baile según la música. Me salía de dentro aclaró, riéndose de un modo encantador. Digo que fué una autodidacta, porque después tomó clases de Carmen Rojas y de Jarrito, de modo que ahora tiene, además, escuela, y de las buenas. Le pregunté la edad y como vacilara un instante en responder, fingí escandaJizarme: ¿Cómo, Marisol? ¿Ya empiezas a quitai te años? En un principio no me entendió; luego se llevó la mano a la boca, asombrada al comprender mi intención, y, poniéndose coloradilla, balbució: ¡Por Dios! ¡Qué disparate! Ni ahora, ni luego más tarde, cuando sea mayor... Vamos, yo creo que más tarde tampoco... Además que estando mi madre allí, ¿iba yo a mentir- le a usted? Tengo diez años cumplidos. Como yo me riera de su desconcierto, se me iuedó mirando, y por fin hizo coro a mis risas, se tomó de confianza y ya no hubo que instarle para que hablara. Vive en la calle de Refino, en el límite de los barrios de Capuchinos y de la Victoria, los más alegres, graciosos y bonitos de Málaga. Con el Grupo de Coros y Danzas vino a Madrid, para actuar en el recién nacido pabellón malagueño, y con este motivo la televisión difundió su arte y su salero. Manolo Goyanes- este hombre como a menudo le llama Marisol- la vio y pensó con acierto que había en ella una posible actriz infantil, además de una deliciosa bailarina y una cantaora aunque diminuta, con gracia y estilo indudables. No se equivocó. ¿Te gusta actuar en el cine? ¡Ya lo creo! Me pr imtan muchas veces si no me aburro, si no me canso. Ni lo uno, ni lo otro. Sólo me canso y me aburro en las paradas, y me parece que no va a llegar nunca el momento de volver a trabajar. Asi es, en efecto, porque cuando poco desipués la llamó Lucia para actuar ante la cámara, parecía que la