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Primo de Rivera. El Rey decidió hacer un descanso en Alcolea del Pinar y allí, en el pueblo, le contaron la anécdota de Lino Bueno y de su original v i vienda. Cuando Alfonso XIII se enteró de la hazaña de este hombre sencillo, de que llevaba trabajando en sn vivienda once años y de que habia conseguido transformar una mole de roca en una casa, decidió visitarlo personalmente. El Rey entra en la casa de piedra El Rey, en el hogar de este humilde peón. Lino Bueno no cabe en sí de gozo y de nervios. Recibe a Su Majestad en la cavidad más grande- -el salón- -y él y su mujer hacen los h o nores a Alfonso XIII de su vivienda. Según nos cuenta su hija María, a Su Majestad le ofrecieron refrescos y unas pastas. Entonces, Alfonso XIII, al comprobar los años de lucha y el espíritu de este hombre, ordenó al general Primo de Rivera de que le fuera concedido a Lino Bueno la Medalla al Mérito en el Trabajo. Todavía continuó durante años Lino Bueno tra bajaiido en su casa. No quedó concluida hasta 1935. Total, veinte años de esfuerzo para dejar la vivienda p r e parada. Al final, Lino Bueno, como aparece en las fotografías, era un viejecito simpático, con u boina calada, faja a la cintura, abarcas de pastor y un mantón de cuadros obre los hombros. Sin embargo, Lino, a sus hijos crecidos, a los visitantes, les contaba una y otra vez la inolvidable visita del Rey Alfonso XIII. Y, orgulloso, cuando ya la balconada decoraba el chaflán- de la roca, cuando ya tenía cuadros en las paredes, cocina, alacenas y una estufa para los inviernos, decidió iponer una placa soibre el dintel de la ipuerta explicando la visita del Monarca a sn hogar. Lino Bueno ha muerto. La casa de piedra -sigue ahí. Inamovible. Suscitando la uríosidad turística. Es una vivienda limpia, cuidada por María, una de las hijas del buen hombre. La casa tiene luz eléctrica por donativo de una firma comercial. La casa tiene un solo haibitante: María, ya que el único hijo- -Ángel- -está casado y reside en el pueblo, y Patricia trabaja como doméstica. Sin embargo, esta casa de piedra queda como testimonio del noble esfuerzo de un peón por tener su propia vivienda, y del simpático gesto de Su Majestad Alfonso XIII al visitarla. C. D. Otro aspecto del Interior de la vivienda que Lino B u e no construyó en la roca.