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X: o traba el agua y le aJiog a. Además- y esta es otra- -que el empleado municlipal le vio venir. Es lo que yo digo: ¿Por qué no bajó un poco la manguera? Si Juan disparó cuatro veces co nitra el empleado municipal, lo hizo en legítima defensa. Bien siente Juan lo de los siete huérfanos. Pero el agua le ahogaba. Se trataba de su Vida. Hasta ahí podíamos U arl Pues ahí tiene usted. Cabezotas como aquél los hay a montones. Uno menos no se nota. Lo maté por hacerle un favor. Su mujer- -la Juana López- -se había escapado con otro aquella misma tarde. El no lo sabía. Poco a poco ibámos acercándonos a su casa. El pobre quería que tomase una copa con él y con su mujer. ¡Y la casa cada vez más cerca, cada vez más cerca! ¡Bien sabe Dios como adoraba el muerto a su mujer. La casa cada vez más cerca... El estaba alegre contend; o. No lio pude aguantar. Saqué el revodver. y ¡zas! ¡zas! ¡zasl Allí quedó seco. No sufrió. Si esto le parece mal, señor juez, dígame usted a lo que se llama obra humanitaria. Le había dicho cuarenta veces que aquel bigote suyo me molestaba ¿Era mucho pedir que se lo quitase? Era muy buena. Le habíamos hecho un regalo entre todos. Bueno, yo no puse dinero porque entonces andaba mal. Me eligieron a mí para ofrecerle el regalo. Por la noche, entré en su habitación. Me miró de una, manera extraña. Ella sabía que yo la amaba. ¡Lo siento mucho, señor juez, pero si a usted no le importa esto, a mí sí! i Como le digo, míe miró raro. Yo le enseñé él paquete. Sonrió. Juro que se lo Iba a decir: ¡Mire usted, Matilde, este regalito que le hacemos entre todos Pero, no se lo que me pasó, y le dije que el regalo era solamente mío. Cayó en mis brazos. A la mañana siguiente, nos despedíamos. Iba dándonos la mano uno a uno. Yo disimulaba. Y él, entonces, empezó a decir por lo bajo: ¿Y el regalo? ¿Y el regalo? ¿Por qué no nos da las gracias por el regalo? Poco a poco iba levantando la voz. ¿Y el regalo? Aquí hay una confusión Yo veía que los otros iban a darse cuenta. CSréame si le digo que me temblaban las piernas. El seguía: ¿Y el regalo? ¿Y el regalo? Le hundí bien la navaja. Y ahora habfle-