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SOCIEDAD Previamente a la boda, el d (a anterior, se celebró un baile en honor de ios cuatrocientos invitados a la ceremonia. Bailando, la cámara ha sorprendido ai Rey Simeón de Bulgaria y a la princesa Ana de Francia, hija del conde d e París. rante las cuales la princesa Diana permaneció en píe junio a su marido, incansable y sonriente. Subieron después a los salones del palacio, donde les esperaban los invitados, y la novia, espontánea y decidida, rasgó su velo tenue de desposada, repartiendo los trozos entre sus amigas casaderas. Los novios y sus familiares se reunieron a comer juntos en un salón, mientras se servía una comida fría a todo el resto de los invitados desperdigados por todo el castillo. En los salones, éñ la escalinata, en los jardines... A las cinco en punto de la tarde todo había terminado. A las seis, en un Mercedes 220 Sport los duques de Wiittemberg, Carlos y Diana, desaparecieron camino de Convenciennes, comenzando así su luna de miel; y comenzando también una vida que les deseamos esté llena de ventura. blanco con el talle ceñido, mangas tres cuartas, y a lo largo de la cola un maravilloso bordado en perlas. El velo, de tul ilusión, descendía vaporoso hasta el borde del vestido. Una coronadiadema de brillante de la casa Wattemberg, que sólo lleva, por tradición, aqnella que se desposa con el heredero, ceñía su cabeza. La corona fué usada por primera vez por María de Orleáns, hija de Luis Felipe, ahora esposa del duque Alejandro de Wüttemberg. Tres pequeñas damitas de honor, tocadas de rojo y negro, los colores de la casa de Althansen, precedían a la desposada. A la entrada del templo, una vieja iglesia de estilo barroco, se dejó oir un himno especialmente compuesto por el maestro Reiners. El obispo de Rotembúrg, su ilustrísima Caris Joseph Leiprecht, dirigió una breve plática después de bendecir la unión, de la que íueron testigos, por parle de ella, el príncipe Juan de Borbón- Sicilia, y por parte del novio, Carlos de Hesse. En la plática el prelado evocó los orígenes reales de las dos Casas y su tradición católica. La Misa Solemne de Beethoven, fué cantada por el coro católico de Althansen, y al finalizar la ceremonia la Orquesta Filarmónica de Stuttgart, dirigida por Yon Stump, interpretó el Aleluya d Haendel. RECEPCIÓN La comitiva regresó al castillo entre los vítores y los aplausos de millares de personas, estacionadas en el parque. En el patio de armas los invitados, la familia y el pueblo desfilaron ante los nuevos esposos para felicitarlos. Dos horas y media duró la ceremonia, du-