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r fis áf Colocación en el sarcófago de las listas de Alféreces caídos. (Fotografías de samot. Hernández Morales, Bringas y Resines, iproceden de las filas de la Oficialidad Provisional que estuvo en la guerra. Delante de la estatua hay un estanque que ¡pertenece a la Universidad y que ha sido agrandado para que la figura se refleje en sus aguas. La Universidad ha hecho una iluminación general de todo el recinto con grandes farolas y setas muy bajas para que den luz a la pradera que rodea el agua quieta del estanque. Han precedido a la inauguración del monumentos dos conferencias en el Ateneo, en las que han hecího uso de la ipalabra el coronel don José Barros y el alférez provisiovnl don Juan Duran, one han sido escudhadas y aplaudi das por numeroso púhli o y una misa celebrada el d o mingo en la parroquia del Santísimo Cristo, a la que asistieron el general gobernador de Santander, dotí Luis Suanzes Paris; el general don Fernando de Córdova Samaniego, el presidente de la Hermandad Nacional de Alféreces P r o visionales, don Luis Cerame, y el de la de Santander, don Juan Antonio Mazarrasa Quijano, y numerosísimos fieles. La misa fué oficiada en el altar de los Caídos a cuyos pies vacen los restos de los mártires del barco prisión Alfonso Pérez, y se ofrendó en memoria y sufragio de los muertos en igual forma durante la Cruzada. De vísperas de Santiago llegó el ministro del Eiércilo, don Antonio Barroso y Sánchez Guerra, y en seguida entró en el Campamento, donde fué recibido con el natural respeto y alegría. Después, el ilustre militar se trasladó a la Universidad para ver el moniranento de noc he. El día de Santiago presidió los actos de la inauguración acompañado de todas las autoridades, del teniente general señor Longoria, que representaba al ministro del Aire, y del capitán general de la VI Región. La gente, a pesar del buen día, no concurrió a la playa, y parecía un río humano rumbo a la Universidad, de frente a cuya entrada priticipal está la estatua de bronce. Hubo misa oficiada por el obispo de la Diócesis, doctor Eguino y Trecn, que luego impartió a los fieles la bendición papal después de haber llevado la bendición también al monumento. Luego hablaron el presidente de la Hermandad santanderina y el alférez provisional señor García Arias, catedrático de Dereícho Internacional en la Universidad de Zaragoza, en magníficos discursos. Seguidamente, las heroicas y resignadas madres montañesas úe aWéreces provisionales muertos en campaña, que habían sido colocadas cerca de la tribuna presidencial, r e cibieron del ministro las estrellas laureadas de la Hermandad con los ojos arrasados por el llanto en recuerdo de sus hijos. Y después tuvo lugar otra emocionante escena: la de sepultar en el sarcófago que se cierra a los pies de la estatua el sable del comandante don Teodoro Palacios, como un símbolo de la gesta die la División Azul, y la de enterrar con aquella arma los pergaminos donde consta la relación de los alféreces provisionales de cada provincia muertos en la guerra, listas portadas por los delegados respectivos, que formaban una larga hilera al borde del estanque y que llevaron a cabo la ceremonia acompañados por un toque de oración, como cuando se enterró la espada. Por último hablaron el delegado na cional de la Hermandad y el ministro del Ejército, que fué aplaudidísimo, cantándose al final por todos el Himno de la Infantería y despidiendo a la Bandera de la Patria, que había estado presente en lodo el acto, en medio de un silencio emocionante y a los acordes del Himno Nacional. Una mañana- de julio emotiva que ha hecho conmoverse a muchos hombres de pelo en petího, de los que lucharon en la Cruzada sin ningún miedo a la muerte... Ezequie) CUEVAS