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compusstas; pero, fe todo irá antes qaie volTCr) a cara al riesgo o que ceMéi a la amenaza más o menos tremandista. Ya quiáiSton desacreditarle y hundirle hace ooho años, cuand rse le acusó de clesihonestidaá financiera con moiáMüe los fondos Nixon reca- udadós para ipagar los gá ios de una de sus campañas elsctorales. Tan gra; yt, ii xé el trance, que se revolvieron contra él hasta loÍ propios republicanos; y recibió tina indicación, muy qfepidencial y secreta, salida de los alrededores de Eiténiíower, en el sentido de que sería conveniente que réiiunciara a la candidatura vicepresidencial. Nixon reaccionó con gran dignidad y se presentó anite el Jjáís al través de la televisión: Los más duehos pronosticaban ue Sus palabras serían su propia oración fútiebre. Pero, en realidad, alcanzó uno de los éxitos más notables que se han registrado en esta clase de lides políticas americanas. Abrió y llevó hasta el fin un debate sentimental acerca de sus finanzas, de las de su familia y del origen del i erro de sus niños; y de ello pasó a una contraofensiva sobre los demócratas. Cuando acabó de hablar, sus posibles partidarios puírnaban por ocupar un puesto en Ja carroza triunfal. No ihay sino leer el comentario del orgulloso y pontificante Walter otro de ios jerifaltes del izquierd ismo intolerante: El vicepresidente es un banderizo arbitrario, que no tiene en su conciencia los escrúpulos ue un país tiene derecho a esperar del presidente de los Estados Unidos. Para esta clase de gentes, el candidato republicano ideal hubiera sido Nelson Bocícefeiler; es decir, un republicano que pa rece muchas veces un demócrata del ala izquierda. T A polémica Nixon- Kennedy iprcmste hacer época, porque el primero no es un hombre a la defensiva. sino que sabe, lanzarse al ataque con una arrogancia y un manejo de fuegos oratorios poco habituales. Ninguno de los ¿bs h a de contar con una campaña mollar y dulce. Las palabras parecerán algunas veces proyectiles. Siendo Nixon, a mi juicio, el poUtico norteamericano más imoortante, preparado y capaz de este imomento, le verem os tratado de vacuo y zascandil. La técnica de la lucha electoral trae consigo esta clase de excesos, cuando la hora es crítica y las a m biciones muy fuertes. Creo que tiene razón el ex gobernador ide Nueva York Thomas E. Dewey al afirmar Qus Nixon conoce mejor que ningún otro norteamericano las zonas sensitivas de las relaciones internacionales del Gobierno de los Estados Unidos, y que nadie le aventaja en experiencia Esto es obvio, y el imiurid ó entero lo cree, fuera del partido demóerata. Desde 1956, E- isenhower ha tenido mucho, interés en que su viospresidente comparta realmente, prácticamente, la responsabilidad del poder supremo, y esto ha. enriquecido la ¡personalidad de Nixon de una manera y eii una medida que no conoce precedentes en la historia de la Casa Blanca, Y A están lanzados los desafíos. Por eso, tras haber presentado hace o ho días algunos rasgos- essiícialés de la figura de Kennedy, he querido trazar hoy Ja 4 líneas más características de su adversario, el cuáquero tí e Yorba Linda, el primer político americano de hoy. ¡A quien Dios se la dé... Lo malo es que estos meses de contradanza electoral de los Estados I Unidos Son una angustia para el miundo libré. Y una fortuna para Moscú. M. A. TRES FOTOS DE RICHARD NIXON a las elecciones presidenciales. He aquí t r e s fo t o g r a f í a s c o r r e l a t i v a s en edad, del proliombre n o r t e a m e r i c a r í o ISiixon a los diecisiete a ñ o s a los veintinueve y en la actualidad. presenta como candidato dej partido republicano A los c u a r e n t a y siete a ñ o s Richard Nixon s e