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los médicos apenas ponen atención en esos síntomas generales, difusos y nada específicos que denuncian ios enfermos. Resultados muy importantes se deben en la investigación de esos casos a) famoso especialista Hans Selye, que ya desde sus prácticas en el año 1 S 25 en la Universidad de Praga, eomo estudiante, fijó criterios propios y contrarios a los que mantienen tradicionalmente personas y profesionales de ciencia consagrada ¿Qué significa ésa frase de me encuentro enfermo en la boca de un paciente que no puede, sin embargo, señalar dolor especifico a l guno? Hans Selye llegó a dominar muchos secretos de la endocrinología y entre sus centenares de publicaciones aparees la monumental Enciclopedia sobre aquélla materia. Cuando estuvo encargado del departamento de Bioquímica de la u n i versidad de iVJontreal, realizó estudios y experiencias muy notables sobre el conjunto de las manifestaciones f i siológicas subsiguientes a cualquier daño o peligro de enfermedad; esos efectos no son más que las defensas naturales frente a cualquier agresión y que constituyen un síndrome o conjunto de síntomas para caracterizar dolencias determinadas. Así ítegó a tener la primera idea de una gran teoría científica y médica; el cuerpo humano engendra por sí mismo reacciones de defensa por las que, por ejemplo, hace frente a una acción microbiana perniciosa. Una herida, la contaminación infecciosa, o una simple emoción, ponen en actividad los órganos de nuestro cuerpo para fabricar secreciones que ante aquel caso anorm l alteran el equilibrio químico, originando nuevos procesos, como puede ser, por ejemplo, el de la inflamación. En circunstancias semejantes, dice Selye, nos adaptamos a un nuevo estado funcional, a una verdadera economía fisiológica de guerra, que revela un síndrome general de adaptación a la indispensable defensa, y todo ello bajo los primeros estímulos glandulares y nerviosos. Esas reacoior. es corporales pueden ser lo mismo por defecto que por exceso; en el primer caso la agresión triunfa, se mantiene o se extiende y las defensas son incapaces para suprimirla o atajarla; en el segundo caso la desproporción deT exceso engendra por sí mismo verdadera enfermedad. La reacción desmesurada depende de una porción de factores personales (alimentación, actividad endocrina, etcétera) que son diferentes de un i n dividuo a otro, de tal modo que no son iguales los efectos en todos los seres; hay quien afirma que en el 50 por 100 de los casos engendra así nuestro cuerpo muchas de las dolencias que padece. A la vista de estos resultados, JBivoire afirma que las enfermedades de adaptación representan una bue- na parte de la patología humana y que no hay duda de que ellas, mismas engendran procesos morbosos 50 P el propio exceso en la defensa del organismo. La máquina humana constituye un complicado sistema de regulaciones y actividades recíprocas de mutua influencia automática, donde los resortes cibernéticos mantienen las más esenciales funciones fisiológicas de la vida. BAILE. (4) Fados, canoiori es, melodías, múclias de ellas pop Ulares- Una casa po- rtugU esa Barco íi egro Playa solitaria Cóimbra se acoplan en el disco R CA con misión danzable, acoplada, a ritmos a d hoc y servida por un buen conjunto, dirigido por George Melaobrlno: la Orquesta que lievia SU apellido y, sobre to do, por rui guitarrista portugués de suma eficacia: Raúl Néry. Publicación grata, en su voluntad intrascendenite. WAGNER (5 Posiblemente no haya músico más frecuentado e n las publicaciones discográficas que Ricardo Wagner, si no en la totalidad de sus óperas, en Sus fragmiento S orquestales, injustam- ente postergados en Igs conciertos públdoos, pese a que el gusto general los mantiene pre ditectO S. Las tres obras que figuran Sn ol disco La Voz de su Amo que se co nie- nta y que merC Cie un. aptouso particularísimo por el logro. feíiicísiimo de una gran pureza en los timbees, se han elegido multitud de veces, algunas en versiones de verdadera excelencia. Sea el mejor elogio para ésta, dirigida por Herbent von Karaiain, -a l a Orqu esta FilaTmónioa de Berlín, e; decir que se inoor po- ra en la relación de las más dignas de Cncoimio. Karajan, en efecto, da vigor y ponderado a c e n t o progresivo a las ol erturas de Tamhausser y- de Los níaestro s cantores y guarda una exposición reposada, de intensidad cpeciente y belleza honda, al preludáo y la m uerte de Tristán e Isolda CHAUSSON (6) SCHER 20 (1) El título de este aparlado es capriclioso. Pero es más conopeto y puede ser tan riepresentativo como i pintoresco q- ue se eligió por RGA ai presentarnos un disco de proyección muy amplia: Música para despreocuparse Y seleccionada bajo esa etiqueta una colección de páginas conocidas, populares, muy de público; la suite Karelia la Polonesa de Eugenio Oneguia el scherzo de- El sueño de una no Cilie do voirano lá Cabalgata de La Walliyria y el scherzo de la Heroica béetlioveniana. Una mezcla no muy armoniosa, de buenas músicas, deliberadaimente al margen de pasajes sombríos, pero nO intrascendentes, -como para despreocuparse Que es mucha la calidad encerrada en sus pentagramas y muy buena la ejecución de, la Orquesta Boston Pops, dirigida por Art- hur Fiedler. ALBENIZ (2) Ha hecho muy bien Philips en publicar- y cuidar el registro- -este disco en ocasión de las ooinmeimoracion- ee albenizianas, en que José Tordesillas es intérprete calificado por estilo, seguridad y brillantez de ejecución de uoa serie de páginas mae? t. i- f! de a Iberia Priana Rondie ña El p u e r t o Ailbaioín El Corpus Evocación y Almería Disco, pues, r, ecomen dable y digno de todo e ncomio. PüCCINI (3) Aún no publicada en España, una cita pa Pa la aparición de la primera ópera de Puocini, Le Villi por o que tiene de do cumento histórico y por lo- que supone como anuncio del futuro despliegue artístico del. autor, puesto que ya asoman las mefodías líricas y hasta los aciertos de intuición teatral que le sdtuaron muy en cabeza de los 0i p eris fcas italianos. Le Villi en resumen, que no puede compararse a las obras íundamientales de merece conocerse como punto de partida en un artista, genial. Elisabetta l usoo, Gianni dal Ferro, Silvano Verldngliieri, con la OrqueiSta Sinfónica. -de Radio Turín y el Coro de la Televiisdón Italiana en esía ciudad, dirigidos por el maestro Arturo Basile, realizan una labor meritoria en extremo. La grabación de Cotra excelente. RGA nos ofrece en este. disco, de plausible realización técnica, un repertorio fracíoée poco frecuente. De un lado, el Poema del amor y del mar de CliausBon; dos partes- Flor de las ia. guas y Muerte del amor -con un Inteirmedio en que, sobre los versos de Maurice Boucher, logra el coim, posítor un clima de placidez, poe sía y. evanescencia, cuyo encanto se filtra suavemente, gracias tamibié n a la maravillosa inteirpretaeión de Pienre Monteux con la Orquesta de la RGA, y la cantante Gladys. Swarthout, cuya voz no excepcional se emplea con musicalidad y refinamiento. En la otra cara, una serie de canciones y melodías de I- lann, Berlioz, Duparc, Debussy y Poulenc, muestras delicadas de sus reftp ctivas maneras, en que la voz se ve asistida por el piano y, en algunas, por ciello y arpa, dan O o asión para que la solista luzca un buen estilo y para que gustemos la atmósfera