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Esta fotografía muei trá al fallecido conde de la Cimera Jugando al golf, otra de sus actividades favoritas. financiera, y apenas nos preocupamos del dinero que llevábamos en; la cartera. La partida se inició, tras una cena suculenta en el tren, al perder de vista al monasterio de El Escorial, donde Felipe II recibió la noticia d la hecatombe de la Armada Invencible. Yo no sé por qué, pero repentinamente, al contemplar la inmensa mole gris del monasterio, tuve un mal presagio de que aquel viaje terminaría también catastróíicamente. Y así fué: Tras doce horas de jugar ál bridge, Valentín nos ganaba una suma considerable de dinero. Al llegar a París, Cimera nos ofreció una cena magnífica en su salón del hotel Maurice. Y seguimos jugando con la misma mala suerte que en el tren. De repente llegó el conserje del hotel y comunicó a Valentín que se había perdido nn baúl. Ño obstante de que toidos sabíamos que nuestro anfitrión acostumbraba a llevar quince baúles cuando realizaba un viaje a París, Luis Whagón tuvo repentinamente una corazonada y exclamó, nervioso, violento, con voz conca y los ojos inyectados en sangre: ¡Apostaría a que es mi baúl d que falta! En efecto, era el suyo. Todos no miramos consternados. Luis vtflvió a sentarse ante la mesa de bridge, pero al primer impasse que sdlió mal, se levantó del asiento, dio un soberbio puntapié a la inesa de bridge, volaron las cartas por el aire y le dijo a Valentín, antes de salir del salón y pegar un portazo: Es ya demasiada... suerte! Luis Whagón, marqués de Laurencín, era inteligente, ameno e ingenioso, y contaba con generales simpatías en la alta sociedad madrileña. Sus amigos íntimos eran Emilio Casa- Valencia, Javier y Marcelino Granada, Jimy Alba, Valentín Cimera, Fernando Villagonzalo, Jack Santoña, Luis Medinaeeli, y muchísimos más. Jugaba bastante bien al bridge, pero cuando tenía mala suerte era temible. Un día, en un acceso de furor, intentó comerse k s cartas. Esto demuestra hoista qué extremo apasiona y enerva el juego de bridge. Lo peor de Luis Whagón cuando se eilfurecía es que llegaba hasta a pensar en el suicidio coiho único remedio a la pésima suerte que le perseguía desde que me levanto hasta que me acuesto decía cotí voz cavernosa y descompuesta. Por esto mi consejo pira los que deseen progresar y ganar al bridge es que cuando se disipongan a jugar lo primero que han de hacer es concentrarse en el juego y olvidar lo bueno o lo malo que les sucede en la vida. ííecuferdo que un día jugando al bridge en el Travellers Club, en París, me enteré que el barón de X -que acostumbraba a jugar con nosotros- había ganado aquella tarde no sé cuántos millones de francos con u caballo favorito en el Gran Prix de Longcbamps Aunque poseía gran fortuna, era un jngador bastante seguro y más bien agarrado Aquella tarde se mostraba tan eufórico, que cuando me tocó de compañero le advertí al oído: El Comité del Club ha decidido aumentar las cotizaciones. Aquello no era cierto, pero como yo conocía su excesiva tacañería pensé que aquella noticia podría hacerle olvidar sus laureles hípicos y jugar como de costumbre. Esto demuestra que para ganar al bridge no basta con conocer a fondo la técnica del juego, sino que lo más importante es saber dominar sus nervios, conocer al compañero y a nuestros adversarios y tomar su temperatura constantemente De esta misma opinión era el gran maestro Pierre de Albarrán. REMEMBER vv; uw m