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de sus abuelas y que hoy se consideran indispensables para estar a tono con la moda. Otras proyectan consagrar sus ocios a su línea y perder ailgunos küos mediante la práctica del desporte y de, los ejercicios físicos. Hay algrunas incluso- -las menos- -que se proponen engordar un poco. Todos estos proyectos, apropiados a cada caso, son loables en sí. Pero para realizarlos hay que observar ciertas reglas. Los médicos y los egpecialistas de la estética femenina ponen en guardia a las mujeres contra ciertos errores oametidos con siBna frecuencia. El primero, de carácter general, es la impaciencia con la que las mujeres que habitualmente viven en la ciudad se sumen en la nueva existencia, ya sea en las playas, ya en la montaña. El ejemplo más frecuente es el de los veraneanites que nada más llegar a la orilla del mar cog en su traje de baño y se lanzan al agua. Esas personas nadan, o ge mojan sii mpl emenite, durante ama hora y luego se ponen al sol hasta que tíí astro- rey más juicioso que ellas, desaipareoe en el horizonte. De ahí, naimerosos accidantes, fiebres, quemaduras, trastornos digestivos, insomnios y, en ciertas ocasiones, afecciones más caracterizadas y más graves. Toda nueva vida, como toda nueva actividad, exige un período de adaptación. Esta noción completamente elemental comienza a penetrar en la conciencia de las gentes. Sin emlbargo, todavía abundan los ignorantes y tos imiprudentes. En diversos países del munido sus habitantes se encuentraíi en el período crucial de las vacaciones, e infinidad de veraneantes han incurrido ya en los errores a que acabo de referirme. Que no hagan mis lectoras lo que hizo aquella señora que encontré hace algunos años en un hotel situado en medio de un espléndido parque medio salvaje, lleno de árbottes, de flores y de mariposas. La dama en cuestión estaba esperando con sus maletas el autobús que deibía llevarla hasta el tren de rftorno. Yo la encontré media hora antes de la salida y me dijo textualmente: ¿Sabe usted que acabo de ratar por vez primera en el fondo del parque... ¡Es encantador! ¡Qué lástima no haberlo sabido antes. Realmente he vivido en un lugar extraordinario y, dominada por el desTO de ir a la playa y de efeotuar excursiones por los alrededores, no he sabido sacar provecho de lo que tenía más cerca. J. GAUVAIN T- i SS- ft l ¡í i.