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¿esde su tarde triunfal del Montepío, fué lo que dio vida a la coiTÍda de la Prensa en contraste con Manolo Vázquez que salió disminuido, no íé si t o davía herido o todavía asustado del ú l timo percance, como si recordara que, por atjuí o por allí, poco más o menos, un toro le perdonó la vida y no quisiera que esto se repitiese; en contraste también con Garcés, nn muchacho que tomaba la alternativa, con todo el nerviosismo de una alternativa y cuando no viene ésta empujada por una campaña novilleril arrolladora, sino desgastada en actuaciones sin relieve. La corrida tuvo esa brevedad que tan fcien le sientan a las corridas dé toros, pues la mayor parte de los toros murieron de una estocada, una estocada en ÍO. S bajos, que todo hay que decirlo, para diferenciar y acostumíbrar al p ú blico a diferenciar lo bueno de lo malo, el oro de la oralina y que se comprima- -como dicen en La Verbena de lo Paloma- -ante la euforia de las muertes rápidas por bajonazos. Entre tanta bajonazo hrtbo una magnífica estocada, la que dio Gregorio Sánchez al quinto toro, una estocada hasta el puño, de la que salió el ¡oro mnierto de la mano, rodando fulminantemente a los pocos segundos; U 7i a estocada a ley, en la yema que decían los antiguos que entendían más que nosotros de estocadas. En éste le dieron una oreja, en el tercero, que murió de un bajonazo, le dieron dos. Lo digo para que se enteren en los tendidos. A este toro tercero no logró igualarle; por querer hacerlo en mal terreno, el toro se le desigualaba y se le iba; así le entró a matar, sin tener al toro en suerte de muerte, y así le resultó la estocada; si le hubiera clavado en la arena con dos o tre. 5 pases por bajo, que son pases que él domina, todo hubiera ido mejor. Le toreó muy a gusto con la muleta y el toro le embistió muy bien; quizá por esto, cuando se llevaban al toro entre aplausos, salió a los medio dando voces a los mnlilleros para que dieran la vuelta al toro de don Alipio; no sé qué opinaría de esto el presidente. Al toro quinto, que el público le protestó por cojo y que más que cojo el toro no tenía fuerza en los cuarto- i traseros, le toreó con cuidado para que el toro no se cayera y le aligeró toda la lidia. Les digo a ustedes que estuvo hecho un torero, con la cabeza en su sitio, cosa que no siempre tienen los toreros. A éste fué el de la gran estocada. ¿Ven ustedes que bien se m a tan los toros y qué fácilmente, no p r o longando las faenas Los toros, don Alipio, tuvieron poco poder; si alguno derribó aparatosamen- Manolo Vázquez. Manolo Vázquez c e d e los tcastos a Garcés en presencia ue Gregorio Sánchez.