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HUMOR t Marlc U nomi daria, que 3 a 3 entregaba a) oa fiu y recogln el dinero. El dLa del sorCeo, por la m ñaiift, la asistenta COTUD t xloa loa días n la puerU de la cerería, pcvo U encontró cerrada. Esperó un ralo. Cuando voivl Rolpeó la puerta r üetldas veces sin obti- ner respu ta. Llamó por la puerta del portal y tampoco respondió nadie. Volvió a u portarla y esperó aún. Acaso ocurriese alguna novedad y don Pepito hubiese salido temprano. Pensó en acercarse a la calle de Oastañaea. pero ella Bd, hia Quc la aefLorlta aún no había regresado d laa Caldas. Una hora después habla gran entusiasmo en la calle Canónlf- a. Pascual, el zapatero, habla tirado lejos de si pez y martillo y corría al frente de un grupo que ae abrazaban unos a otroa, i P o r fln! (Ya salló el mil trescientos trecel ¡Ya era horal- -vociferaba el zapatero, ¡A veri ¿Dónde esté Con Pepito? Hoy yo abrazo al racionarlo Habrá ido a cobrar, ¡Vaya tnlega de duros que tendrá que traer! ¡Y que ha sido el Rordol ¡Vivfl don Pepito! ¡EIs el hombre de la fiuertel- ¡Vlvaa i Pero las horas pasaban y la puerta de la cerería seKUía cerrada. Los presentéít pudieron ver a Pascual. el zapatero, que fraternizaba con un canónigo, ¿ra uno de los que desde hacia diez años Jugaban un, duro al 1313 VI Cuando ya despu del mediodía la Policía consiguió romper la puerta de la cerería, encontraron a don Pepito en la trastienda sentado en un taburete, con los brazos cniíados sobre la mesa y la catjcift apoyada en ellos, de modo que no se le podía ver la cara. Sobre la mesa en que se apoyaba don Pepito habU unos cuantos santos de talla, recién barnizados. Uno de los Policías ciue entraron trató de zarandear a don Pepito, cogiéndolo por el hombro, pero se le desplomó en el suelo. Se oyó un golpe sordo, como de f; aerse un trozo de madera. La cara de don Pepito estaba lívida. Sus brazos continuaron cruzados y las rodillas dobladas. Con la caída se k desprendió el bisoñe, que fe quedó en el suelo y dejó al descubierto la calva de don Pepito. Era una calva de calavera cubierta de pellejo amarillo que él habla ocultado en vida cuidadosamente. Otro de loa policías vló sobre la mesa. Junto a loa g a n t e s y el bastón, un recado de escribir. Un papel rayado y, Junto a éd. un delgado mangulUero de colegial, con su pluma de las llamadas de coronilla En el papel había unas cuantas lineas escritas con letra vacilante y una palabra no terminada. El papel, que fué leído, decía: Perdónenme todos. El 1313 no lo compré nunca. Yo no creí que pudiera tocar y viví de vuestra liuslón. Ha sitio una verdadera desgracia- On Juego del aiar en oue me Jugué la vida y la perdí. Sí la cerería vale ais o que sirva para recompensaros de esta deslluEíón- Dos señores muy graves, uno de ellos con barba blanca, tuvieron que abrirse paso entre las gentes que habían Invadido la trastienda de la cerería. Eran el Juez y el forense. Todos los que estaban fueron saliendo en silencio. Nadie sabia la verdad, porque Pl pnpeí lo habla guardado el PoUcía. MXichas mujeres Se santiguaban al ver en el suelo el garabato humano que formaba el cuerpo de don Pepito, Casi no lo reconocían i ln el bisoñe. Martina la somedana lloraba en un rincón, K forense certificó que don Pepito había fallecido v de muerte naturaa J. A, C.