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-i Tfi ra; V VUfí HEC? ft las tre 3 de la t rde. seetin el zapatero, después de la fabada tí b jsn café y la copa los canónlsos pasab n con los manteos tei Clados sobre el hombro h a d a la catcdr l ipara asistir al coro. Asi también cantaba yo solía comentar el Eapatero Ubiralote y butna persona, Don Pepilo el de la cera como lo llamaba Pascual, era alto, seco, muy pulido y ceremoniOEO en extremo. TJsaba btsoñé d sde hacia casi veinte afio patillas de hacha y largos bíg otes eníromadcs. Ijevaba con garbo sus setenta y vestia con treinta de retraso. Fué la suya la última chistera que d- esaparecJó de las calles de Nora, Ya hacía bastantes años que don Pepito la había sus; ituído por un honpo color ala de morca. Usaba unos levltines del tiempo de don Amadeo y Jamás ss le veía en la calle sin botines, guantes y bastón. Los viejos de Nora sabían que don Pepito de Ta soledad habla pasado varios aiíoa en el seminarlo y al fin había colgado los háWtos por im amor plattínlco, el único de su vida, cJ de doña Margarita Gastaña ga, de la que llevaba cuarenta afios enamoradOlt 03 amores de don Pepito y Margarita eran tan populares, o. ue formaban parte d? l folklore de Nora a principios de steJo- Tan Ideal era aqueil amor, que nunca pudo ser más que eso: noviazgo peipetuo- Ilusión encendida entre dos almas para siempre como s? decía en los folletines de la época, Don Pepito y su Mai garita, en cuarenta aflos de noviazfíO, no SÍ habían visto nimca sin testigos, ni s? habían tocado más que con las puntas de los dedos, ni 1 1 había besado más que el dor o de aquella pulida mano que había visto errUKarse poco a poco. Don Pepito, aue como buen seminarista tenia sus pujos de literato, había sintetizado sus amores en un símil roX 1 J