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H m HUMOR i o n PEPITO DE LA SOLEDAD CUENTO, por Juan Antonia CABtZAS E L duefio del eslableeirnJento de cerería y ornamentos religiosos de la calle Canónica ÍC llamaba don José Alegre y de las Fárcjnas, En Nora todos le llamaban, ñor la cara, don Pepttí) y por detrás o cuando se hablaba de él en su ausencia, don Pepito de la soledad Era un apodo cariñoso, con el que sus vecinos aludían a su recalcitrante soltería. La calle Canóniga, aunqus estrecha y r torclda. tenia cierto tráiiBlto, como enlace de la parle modama de la ciudad con el núcleo de viejos palacios y otras edificaciones tnáa modescaa oue rodcarx la catedralHabla en fila, cuando empezó el sielo XX, dos estable cimientos importantes: la cerería de don Pepito AleEre y un establecimiento de pompas lünebreSt Qu siempre parecía lener en el escaparate un niño muerto. Lo uue tenía como muestra era un pequeño ataúd forrado de raso blanco. Sin duda, porque le parecía menos íCinebre, Bín la puerta conllKUa a la cerería tenia aacual el acfliero su zaquizamí, empapelado con rabados de Líi ilusti- aciún Española retratos de algunos polítlcps liberales, entre los que no podían faltar Nakcns y Pablo iKleslas. Pascual era uno de aquellos zapateros filósofos c Ilustrados de fines de SÍRIO. Tenia BUS puntas y iibEtps de ioclallsía y eni un cordial enfjnlco íjolitlcn de dou Pepito y de los canónicos. rt S í I it 1 t I 1 í 1