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que apuntó hacia la tempestad con me el cMo del Congo se iba cai- gando de somtoas. El diíNlomático amigo es el que ha caantolafio su opinión. jEra yo quien había perdido la brújula! me ha dioho más de una voz. Y yo he solido reflexionar: ¿C mo se entiende ane Europa no estuviese mejor informada acerca del proceso africano y viviera apaciblemente reclinada sobre púas de fuego fingiéndose a si misma descansar sobre campos de pluma? i Y aún nos agíuardan más sorpresas, si Dios no lo remedia! ÜIEBRíS Méndes- Pran- ce, cabaza y guía de la opinión francesa hostil a Da Oaulle, ha escrito lo sligruisnte a propósito de la solución del problema argelino, que es, no lo olvidamos nunca, uno de los africanos; Debemos, ante todo, preoouiparnos de la sesrnridad de la población europea. No le demos vueltas. La vida cotidiana de los europeos ha de estar garantizada por la presencia del Bjército francés; y esa situación habrá de alargarse durante todo el i Iazo necesario. He aquí un excelente dictamen, tanto más intere nte cuanto que nace en la pluma de un político a Quien las izquierdas de Francia tienen como jefe, y muchas veces como oráculo. La Gran Bretaña está aplicando esa doctrina sin dar tres cuartos ai pregonero. Otorga la independencia a sus antlgruas colonias, pero sólo después de haber asegurado seriamente la (defensa de las poblaciones blancas y de los intereses británicos, para qus no quede el menor motivo de zozobra. Kenya será un día Estado indeipendiente; mas no sin que previamente haya quedado el MauMau sepultado en el lejanísimo rincón de un recuerdo sin resurrección posible. Nigeria alcanzará su independencia dentro de imos meses; ello será la coronación de un trámite Iniciado hacs dos o tres años: trámite que se desenvuelve en silencio, con muy curiosa esiporitansidad aparente, y sin que el gobamador británico suelte las palancas de mando ni siquiera durante un minuto, atento siempre a las exigencias de la seguridad física, y asistido de un sistema de posibles apoyos militares- -sotars todo aéreos- -que, con sólo existir, ya alcanzan eficacia decisiva, uno se pregunta, estupefacto, cómo ha podido suceder que la población blanca del Congo que dara entregraida, durante dos o tres días, a las hirsutas furias de la selva. ¡Haga Dios que la lección no se pierda para el día de mañana! Unidos, Inglaterra, Francia- -predican muy noblemente a ios africanos y les instan a proclamar su independencia sin que peligre el resipeto a la libertad y a la dignidad del hombre Emplean para las masas negras levantiscas el mismo mensaje que sería adecuado para una asamblea política de Burooa. ¿Quién podrá sorprenderse de que esas masas entiendan mejor el simpliano de la invitación roja? Mildred Adams, sutil siempre en sus modos de estudiar la política, dice esto que nos trae a la realidad de ¡a situación; -Lo primero que hay que orear (en los nuevoa Estados de África) es una auténtica y fija estructura política y social. Tras el amanecer de la independencia es necesario unir a la distintas poblaciones y fundar una nacionalidad allí donde no ha existido ninguna. La mayoría de los africanos no han superado la mentalidad de la tribu, Al retirarse la autoridad colonial, hay que convencer a las tribus de que tienen que unirse en torno a un ideal y servirlo con fidelidad. ¿Bastará con ampliar las estructuras tribales? ¿Se logrará míe uno de los jefes de tribu sea obedecido de todos los demás? ¿O será preferible instaurar formas estatales de tipo occidental? En este caso, ¿no se presentará el comunismo con programas sencillos y de mayor eficacia inmediata? He aquí un buen repertorio de interrogantes. Méodes- Fi- ance, a quien antes he citado, resume miuy bien la dialéctica moscovita ante los pueblos negros de África. Es muy elemental, como conviene a la mentalidad de las tribus. Y muy eficaz. Dicen los soviéticos; Estáis, africanos, en una situación parecida a la nuestra de hace cuarenta años. Ved todo lo ftue hemos hecho. Aplicad nuestros métodos y progresaréis como nosotros. Según se desprende de lo que nos reilatan algunos viajeros. Alemania es el país libre y occidental que con más éxito contrarresta ese argumento de los comunistas; iporqtií? los alemanes pueden afirmar, y de hecho afirman; No cuarenta años, como los rusos, sino quince nos han b. stado para levantarnos desde la miseria y el hambre al esplendor lo cual produce en algunas zonas africanas efectos casi mágicos. I, as nacione. 5 occidentales más ipoderosas- -Estados el comunismo inD EL mundo entero es sabido queafricano. El propio ternacional atiza el incendio A i? aaEBATOS de generosidad y graves errores de tác tica han traído como consecuencia el delioadislmo trance que Europa sufre en África. Primero fué la Carta del Atlántico- -autores Roosevelt y documento memorable que encendió imtpremeditadamente los nacionalismos africanos. Desipués, la política de fundación de ias Naciones Unidas en San Francisco, donde la pasión ocupó algunas de las posiciones reservadas al sereno razonamiento y al buen juicio. Andando el tiempo se produjo el aflojamiento de los mecanismos de seguridad que algunas grandes potencias- -Graai Bretaña y Francia, concretamente- -tenían montados en Asia y en África. Luego vino la dispersión de los criterios, de las finalidades y de los esfuerzos europeos, con inmensas pérdidas de prestigio y de posesiones territoriales. Andando los últimos años se produjo el repliegue francés, cuando Francia se sintió ola. Los Estados Unidos capitaneaban el anticolonialismo y Gran Bretaña hacía su propio juego. Finalmente nos hemos encontrado sumidos en una crisis amarga, crisis lamentable, con ipisodios como los del Congo, derivados de la debilidad escéptica y melancólica con que los belgas aceptaron el tieátino adverso. Con otros episodios tam bién, distintos de los del Congo, que ahora no hacen al caso. Aíi- ica ha de ser In dependiente. No hay quien lo evite. No hay tampoco quien deba impedirlo. Pero correspondía a Europa guiar, encauzar, atemperar, acompasar la marcha de los pueblos negros hacia nuesvas formas de vida pública. Y Europa, hasta ahora, no ha cumplido ese sagrado deber. ¿Tendremos necesidad de recordar que Portugal, dentro de sus anchas provincias africana. y España, en el breve ámbito de las suyas, han sido nuevamente ejemplo? Europa- repetiré- -nc ha cumplido con su deber, Y ahora se encuentra ante las trágicas consecuencias de su abandono. Las llamas del incendio del Congo han de servirle de adveiliencia. Aún hay muchos territorios en donde hierven amenazas siniestras. Y será bueno que iio se limiten los Gobiernos europeos a dolerse de los asaltos, -las violaciones y los crímenes de sangre cuando ya no tienen remedio. M. A.