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Entre la guerra y la paz EUROPA Y LA TRAGia EXPERIENCIA DEL CONGO Por Manuel Aznar L A pluma se me va al comentario de la Convenclan de Los Angeles, en doiid? el partido demócrata norteamericano votai y (proclama su candidatura ipresidenclal. ¿John Kei nédy? ¿Ls ndon Jotoin son, el inteligrente y simipátiop itéjáno? ¿Adlai Stevenson, el intelectual? Noventa iprobaibilidades contra diez acompañan al joven Kennedy. 1 interés de este asunto es desbordante. Cuándo mi comentario de esta setnana vea la pública ÍUz, ya ée habrán pronunciado los Convencionales Por donde hayan ido las delegaciones de California, Peniisylvania y Nueva York hatorá. seguido la victoria. Pero, dejemos su análisis para el número i róximo y volvamos los ojos, una vez más, hacia el África negra; concretamente hacia el Congo, escenario de muy recientes itrocldades y sufrimientos. G I; una vez más traigo aquí el tema. ¿Cuántas, to davía, en el futuro próximo? Para que el lector adivine o colija hasta dónde había llegado el desmayo y desorientación de Europa respecto de los problemas de Asia y de África, diré lo siguiente: Hace aproximadamente año y medio- no recuerdo la fecha exacta ni tengo a mano la colección de BLANCO Y NEGRO- -publiqué en esta sección de mis preocupaciones (1) un comentarlo a propósito de las inquietudes que manaban del Congo toeiga. Nada, por aquel tíe mipo, parecía insinuar situaciones de gravedad inminente y de peligro inmediato. La otora de (1) N ae In h -rA comlentarlo al que e refiere el señor Aznar fué putolioado en eS ntitnero de B y N. correspondiente al día ai de enero Üe 1959. colonización llevada a cabo por Bélgica era eispléndlda; la estructura administrativa de la colonia daba Impresión de fortaleza; la preparación de los funcionarios belgas para el debido regimiento del territorio congolés no dejaba lugar a dudas; se decía que eran sólidos los vínculos disciplinarios de la autoridad colonial con las tribus; el proceso económico del Congo se haibría hacia nuevos y luminosos horizontes... Sin emlbargo. ¿qué misteriosa alanna se iba filtrando, poco a ipooo, en los entresijos de la calma congolesa? ¿Dónde fie engendraba la voz de alerta contra las ilusiones de una falsa seguridad? Eis el caso que, tras las sesiones de la endiablada Cuarta Comisión, de las Naciones Unidas, volví a España en los primeros días de 1959, convencido de que el Congo había de incorporarse, sin gran tardanza, a la creciente rebelión africana, salvo que Bélgica, magníficamente dispuesta para la interpretación de sus problemas africanos, saliera resueltamente al paso del pellgi o y se anticipara a cualquier dramático desencadenamiento. Con los miramientos que el asunto exigía, expuse en BLANCO Y NEGRO mis cultas y recelos; lo cual dio lugar a que MXI ilustre diplomático europeo, de quien siemipre puedo aprender mucho, me sermonease, entre sonprendido y mortificado: ¿Qué has escrito esta semana, querido y pobre aniego? ¿Cómo pudiste perder la brújula hasta ese punto? ¡El Congo rebelde! ¡Vamos, vamos! ¡Os alborotan las ideas en Nueva York! ¡Los salones de las Naciones Unidas son un invernadero de equivocaciones! Bélgica no corre el menor riesgo en el Congo. Allí todo es calma, trabajo, maravillosa convivencia de negros y blancos, pai. Debes preparar na rectificación de tu comentario. No rectifiqué. Preferí esperar. BLANCO Y NEGRO fué una de las primerlsimas publicaciones de Europa