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versión de Feren Friosay, al frente de munoho fina música de escena de sü Orquesta Rías, de Berlín, los re- Pieime parla el drama de Pieírre Loti, se hermanan con otros qué figuran ensultados que pudieron tener un mayor halo poético ein algún período, se ca- tre lo más representativo del catálogo de nuestro Gurldi: la contagiosa, viracteriza por ia firmeza, el pulso dobrante sipatadajiitza de Amaya y 1 minador y autoritario y la brillantez. poético, bellísimo preludio de Mirent, zu Son buenas las versiones y muy F IERNE- GURIDI (2) plausible la grabación ofrecida por Música vasca: franceisa y espiañola. Columbia Y en verdad que salimos mejor. parados a través de estas muestras los de BAiCH (3) aquende fronteras. El disco, un poco potpourrí dé obras, lo es también Hemos de agradecer a Bielter el de batutas, porque la del maestro Teafán siempre demostrado, de ampliar jada completa lo grabado por el maes- los catálogos de España con música tro Ataúlfo Ai genta, incompleto a cauvocal, de, amiJiente religioso, en que sa de su dramática y siempre llorada los grandes conjuntos de voces, ormuerte. Unos cuantos números, de- Raquesta y solistas se pomien al servicio de las obras fundamentales del repertorio. Así esta vez, del prodigioso Magníficat eo re mayor de Juan Sebastián Baoh, cuyo noble, despliegue, tan contractado y rico eo calidades, se ve Servido por el Coro de la Radiodifusión Austríaca, la. Orquesta de la Opera del Estado de Viéna, los solistas Miml Coertse, Margarita Sjustedt, Hilde Rosse Majdan, Antón Dermota y Frederich Gutbriei a las órdenes sensibles, musicales siempre del maestro Félix Prohaska. Antonio FERNANDEZ- CID Cl) D e u t s c h e G r a m m o p h o n 18- 189. (2) Columibia C C L 32015. (3) B e l t e r 26017. JDPM SEIWANA SANTA Y PASCUA Sale este artículo cuando está terminada la Semana Santa, en el día en que casi es de gloria, en el día en que se prepara y se urge la maravillosa noche de la vigilia Pascual. Hermosa, sí, la Semana Santa española: heredamos una especial devoción pop los padecimlehitos del Señor y nunca los meditaremos bastante porque pecorreplos es peoorrer, uno a uno, y con más r i queza que la misma memopía, todos nuestros pecados, nuestpa vida misma en su continua tentación y no parva peaiidad de apartarse de Dios. A quien ha pasado la Semana Santa fuera de España le llama la atención cómo esos días son muy laborales simbolizando un deseo de pasar pop ellos sin pararse demasiado. Nos conforta, pues, la permanencia española en esto: separar ese jueves y ese viernes, darles solemnidad, grandeza, tono colectivo de conmemoración. Por el P. Federico SOPEÑA MUERTE En la Semana Santa, realmente, a través de toda la Cuaresma, hemos meditado acerca de ia muerte. Tampoco esto le va mal al español, tampoco. Casi está en el folklore y sí está en la visión turística de España, combinado oon los mismos toros, esa sinceridad con la que el español se plantea el morir. Cuando se hace nuestra historia se presenta, no sin admiración, esa facilidad para matarse por una idea pohV tica. Se va más allá para mirar el empeño de la vida al servicio de la fe y salen sin trabajo eapléndidás antologías sobre el español y su sentido de la muerte. Todo eso, cuyo planteamiento y discusión nos llevaría muy lejos, le ayuda a i esipañol para mirap con mucha fe esas imágenes castellanas de Cristo, para mirarse en ellas haciendo del Viernes Santo una continua meditación sobre la muerte. LA SEiiVJANA PASCUAL Antaño, con la vida tan distinta, era posible celebrar como fiesta pl na los prlmepos días de ia Pascua: es lástima, sí, que el lunes y el martes no sean días especiales. Litúrgicamente toda la semana debe vivir pendiente del Evangelio. Cada día trae su Misa que resplandece de alegría. Los sacerdotes rezamos en esa semana un oficio especialmente corto: el estilo d e r r e l a to evangélico, nervioso, impaciente, como con barullo de la misma cronología se contagia. ¡Ojalá pudiéramos celebrar Ejercicios pascuales L o s Ejercicios espirituales de la Cuaresma son, por lo general, cortos y no da tiempo a meditar en la Resurrección y hasta parece como contradictorio el tema en la semana de Pasión y en la Semana Santa. Hagamos un esfuerzo: desde Pascua hasta Pentecostés pasa mos por fiestas extráordlMarias puestas para nuestra esperanza. NUESTRA SEÑORA Eritre ésas fiestas, el mes de mayo dedicado a Nuestra Señora. No nos hablan ios Evangelios del diálogo entre el Señor resucitado y su madre, algo- radicalmente inefable. Nos dice, sí, que Nuestra Señora hasta Pentecostés está entre tos Apóstoles. Es que ahora comienza ¡la vida de Cristo otra vez; la vida del Cuerpo místico, de ia Iglesia, pequeña, chiquita, entrañable como eran en Belén y Nazareth y como én la infancia del Señor, Nuestpa Señora esftá al cuidado del niño que crece. Allí están tos Apóstoles, tosmismos y distintos, ya no incrédulos, pendientes de las apariciones, eparados del mundo y dispuestos a conquistarlo. Escuchan de los labios de Muestra Señora el r e lato có; n todos Jos detalles de la infancia dell Señor y de su voz a Dios el camino es enoillo, tierno. ¿Es posibl e la pereza para meditar en estas cosas? ¿iPuede ser lá Pascua tiemipo de menos oración que la Cuaresma? ¿Podremos dejar á un lado. la esperanza? Pero si la Pascua queda desamparada, si no se ve el misterio de la ResuNos quedamos muy atrás, sin e m- rrección de la carne y el de nuestra bargo, especialmente en eil centro de resurrección, lo anterior queda manco España, a la hora de celebrar la Pas- y hasta puedre desvirtuarse en su procua, fiesta que en otros países de p r i- fundidad- 1 0 basta c o n pensar en mavera más deseada, de invierno más nuestra muerte de mañana: es necetotal, adquiere categoría especial, dessario colocar la muerte muy ail lado de de la vacación hasta la alegría callejeia vida para poder ofrecerla cada j o r ra. El españoü suele ser poco sensible nada. Puede ser fácil fiarlo todo a un para a Pascua, y esto supone vivir sólo, la mitad de la Semana Santa, la ofrecimiento de la muerte futura y íip mitaid de la Cuaresma. La Cuaresma, preocuparse de vivir cristianamente la Semana Santa son el camino peni- cada día; puede ocurrir que la pasión, tencial obligaitío para preparar a. ale- sin más, el coraje sin más, necesarios gría de la Pascua. Hemos rezado los par? morir entonces, sin más, sean sacerdotes, durante t da la Cuaresma, obstáculo para lo más difícil, para v i n el Oficio de Laudes un bello himno vir en caridad cada día. Vivir la Pascua que dice: Vendrá un día, tu día, en és vivir a Cristo como vencedor de que florecerán de nuevo todas las co- nuestra muerte, es afirmar la esiperansas Pr- i- que el fin de l a penitencia es za para toda la vida y es vivir en ella la renovación de la vida, porque Crisla verdad de nuestra resurrección. Deto ha muerto por nuestros pecados y jar a un lado da Pascua es como negar resuciitado para- nuestra justificación, esa. honda alegría, sa confianza, ese celebrar de corazón la Semana Santa arrancar de la plenitud que no es opy pasar como con descuido por la Pascua es olvidarse de la esperanza, del timismo barato ni afirmación sólo del sufrimiento: es autenticidad del crisciieío, d íailuz: tiano.