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resonancia, calculando las bobinas y condensadores en forma dé que no sufran los daños apuntados. En la reoepcidn de radio los fenómenos de resonancia se aprovechan precisamente para conseguir los efectos ópticos; gracias a la resonancia es posible conseguir la recepción de on- das que de otro modo no serían acusadas en los receptores. La curva de resonancíia en función, por ejemplo, de la capacidad del condensador, muestra que para un valor determinado se obtiene la m ejor recepción (fig. 3) Si la curva de resonancia tiene for- ma aguda, entonces para el puntO más alto se consigue la mejor recepción con la ventaja de una excelente selectividad, s decir, con posibilidad de variar las condiciones para eliminar del receptor los signos que no nos interesan y que perturban la lim, pieza del que únicamente queremos recibir. D E T E C C I Ó N DE LAS E X P L O S I O N E S N U C L E A RE S E N E L J A P ON Por Fray Juan ZARCO DE GEA, O. F. M. 0 lejos del parque imperial de ¿V Hibiya, en el centro mismo de Tokio, se alza una especie de torre Eiffel que sirve de faro a los aviones y en cuya planta está instdksdo el Instituto Meteorológico japonés, desde el que un grupo de científicos monta guardia permanente durante las: veinticuatro horas del día, vigilando los micrdbarógrafos, aparatos de invención inglesa que ellos han perfeccionado mediante un sistema de amplificadores, que les permite registrar cualquier explosión termonuclear que se produzca en un lugar cualquiera del globo terrestre. A las tres horas treinta minutos de ocurrir la explosión nuclear de Bikini, los aparatos japoneses registraron oscilaciones violentas. La pequeña línea que avanza tranquilamente en horizontal comenzó repentinamente a oscilar a un ritmo frenético y fué recobrando poco a poco la tranquilidad. Los barógrafos, al mismo tiempo que detectan, la explosión de una bomba atómica, cuya gigantesca presión sobre el aire repercute sobre el mundo entero en forma de olas atmosféricas gigantescas, revelan el lugar al mostrar cómo estas olas disminuyen de intensidad a medida que se alejan del epicentro. Las olas que llegaron al Japón a una velocidad dé mil kilómetros por hora actuaron sabré unas m a n o s mecánicas que marcaron sobre el papel cuadriculado la amplitud, la intensidad y la duración de cada ola atmosférica. Seis estaciones repartidas a lo largo dei Japón y equipadas con los mismos instrurrientos, reaccionan de idéntica forma, pero caída una con retraso justificado por la distancia que las separa. Este retraso tradu cido en el gráfico indica la dirección de las explosiones, y luego el sistema elemental de las tres reagrupaciones, permite designar exactamente el lugar de la explosión. Este es, paes, el sistema por el que los microbarógrafos revelan a los científicos japoneses la nacionalidad de los experiTTientadores atómicos. Durante algún tiempo, los japoneses no registraron estas explosiones. Ello era debido, no a que hubieran dejado d e registrarse explosiones, sino a que éstas se habían produxiéo en los límites de la estratosfera y los axparatos terrestres no podían detectarlas. Entonces, los japoneses, después de la revelación de los científicas soviéticos de que habían producido una bomba cm as por si sola de calcinar una nación de 200.000 kilómetros cuadrados, decidieron supersensibilizar sus aparatas y ahora se hallan en condiciones de captar cualquier clase de explosión, sea estratosférica, submarina o subterránea. En los jardines de los laboratorios, y mezclados con la deliciosa arquitectura de ellos, surgen aparatos destinadas a recoger la lluvia. Esta agua es enviada inmediatamente a Nueva York, donde es sometida a la acción del contador Geiger y donde queda archivada eri la que podríamos llamar banca de la radiactividad, que permite a los especialistas determi nar la radiactividad del mundo entero. Los científicos japoneses agregados a este servicio recogen el agua caída del cielo varias veces al día. Este agua, que hd realizado por el espacio grandes viajes internacionales, es som Ctida a la prueba del reactor Pallak, aparato ultrasensible a los rayos beta y transforma en voltios los resultados déla investigación, cuya evolución se marca sobre un awadrante. Si el polvo recogido del cielo contiene, un cierto porcentaje de radiactividad, un aparato especial emite un sonido característico, más o menos i Jtenso áegún la cantidad de rádiavtividad que contenga. Cada experiencia dura cinco minutos, y los residuos son analizados químicamente. La mayor intensidad de radiactividad regi strada en el Japón por un contador Lollak fué en los meses deseptiembre y octubre de 1956, después de experiencias simultáneas en Siberia y Australia. Fué en esta época cuando se descubrió én el polvo rcDdiaictivo trazas del estroncio- 90, que persiste y tiene efectos mortíferos durante treinta años. i i i i í W i- y Á M 3- P sO i EMA (II) Por el Conde DE MONTARCO El punto de estas reivindicaciones que encontraba una oposición irreductible por parte del Gobierno, era el de volver a la esoala móvil sobre índices fijos, ya que los ministros económicos sostenían que podía ser mo- tivo de inflaoióin y por eso se había derogado en 1958 I artículo 6. de la referida Ley de 1957. Pero la. F. N. S. E. A. ba sostenido que ésta era la única garantía para los camipesinos de qu- e su. niyel- de vida, oo empeorara en relación con, el de los franceses que trabajan en la industria y en los servicios, asi- como de que quedaba asegurada la suficiente, rentabilidad, de las empresas agrarias; por este motivo habían luchado tanto para alcanzar dicho sistema en la Ley de 1 57, que les fué birlada un año desjsués. Sostiene la F. N. S. E. A. que les campesinos están dispuestos a abandonar su profesión si ésta iio les permite vivir como en otras profesiones y que nd