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l 0i N miíM: m Háh S í aproximadamente la mitad, y seguramente no se evaporen igual proporción las lluvias caídas en Francia, debido a tener menos oportunidades de insolación y tKoiperaíuras menos elevadas, en conjunto. De los 150.000 millones de metros cúbicos que quedan, una gran parte queda embebida en los terrenos donde cae la lluvia, y otra, no despreciable, se pierde definitivamente por afluir a sistemas fluviales donde no hay presas ni pantanos, y sólo una tercera parte, que se calcula en unos 60.000 millones de metros cúbicos se encauza hacia donde hay embalses, quedando una pequeña parte r e t e nida y fluyendo el resto por dichos ríos a lo largo dfr todo el año. Esta es la p a r t e verdaderamente útil, puesto que produce la totalidad de la energía hidroeléctrica que se obtiene en España y contribuye t a m bién, mediante las sangrías que se hacen a los ríos en los sistemas de regadíos, a revalorizar la producción agrícola. Poco a poco los ríos españoles se han ido domesticando y van rindiendo su trabajo y su beneficio. Era hora de que esas vías de agua conocieran lo que es la labor útil y el asacaneo del riego. Aunque todavía no se h a llegado a alcanzar el primer sueño dorado y fabuloso de los primitivos ingenieros españoles y de no pocos políticos de hacer navegables nuestras principales corrientes de agua. Fantasía que se hacía sueño luminoso no sólo para las grandes arterias de nuestra hidrografía, sino incluso para los de caudal pequeño y desfallecido, como, por ejenjplo, el Manzanares. Y es curioso saber que si se quería engordar el caudal del Manzanares no era tanto porque fuera con el tiempo vía de navegación- -algunos soñaron con descender en bajel desde Madrid a Lisboa- sino porque sirviera de vivero opulento de pescados. Antonelli, que fué el principal soñador de esta sinfonía h i dráulica, lo expresa así en un carta que dirige al Rey Prudente: Una de las cosas que hay mucha falta en Madrid, en el Reino de Toledo y en Extremadura es de pescado, porque se come poco más de unas sardinas rancias y m u y caras, y bacalaos que van ¡os vasallos de V. M. a buscarlos en los descubiertos de las Indias Pero ni Madrid, ni Toledo, ni Extremadura quieren saber gran cosa de los pescados, ni les importa, porque sienten por los frutos del agua y tal vez por el agua misma idéntico desdén que siente su monarca. T del pescado se dice que no alimenta, que no nutre, que en la oficina de la tripa se torna agua; J a s mujeres aseguran que comiendo pescado se les caen las sayas No tiene, por tanto, nada de particular que todos los alegatos puestos por Antonelli caigam en el vacío. Los españoles no tienen ningún interés en acrecentar el caudal de sus ríos, ni hacer obras de canalización ni de represa. Los dejan correr y los dejan perderse. Así el oficio de ingeniero va descaeciendo, lo cual da motivo para que el gran Antonelli lo haga así presente al monarca, en otra carta elegiaca que dirige no al Rey directamente, pero si a J u a n Delgado, secretario de guerra de Felipe II, de la cual es el siguiente párrafo: Acuerdo a V. que los ingenieros se van acabando. Que hay esterilidad de ellos y conviene que el galardón levante el ánimo a que se críen... Nuestros ríos, con tan bizarra manera de dejarles seguir su curso a gusto propio, o son locos saltarines a los que toda la fuerza se les va por la boca en canciones de torrentera, o son tremendos perezosos, como ese gran señor árabe que es el Guadalquivir, que se estira y se estira en recodos y meandros sólo para retrasar el momento final de la zambullida en el mar. Pero los ríos se van disciplinando en los embalses cada vez más amplios y n u merosos, y ios ríos se van sangrando en canales, en, acequias, en caceras, en venas múltiples de regadíos. Se ha acabado ía tradicional holganza fluvial de España que conocía la seda a la orilla misma de las grandes corrientes de agua, como la del Ebro, padre de la hidrografía española, del que fueron grandes enamorados no sólo Kamiro de Maeztu, del que hemos hablado antes, sino aquel ingeniero madrileño Lorenzo Pardo, y antes, mucho antes todavía, el magnífico canónigo Pignatelli, en unión del también canónigo Aríeta y el Arzobispo Palomeque- -tres grandes padres de la Iglesia que lo fueron también del Ebro- así como los grandes magnates que se llamaron el marqués de Ayerbe y los condes de Aranda y de Sástago, que pensaron hacerlo navegable hasta Gaspe. El último parte de nuestra hidrografía, embalsada y retenida acusa cifras de m e t r o s cúbicos y de kilovatios que jamás se h a n conocido. El agua embalsada hasta los bordes de las presas es un embalse fabuloso de millones de pesetas por cuenta de la energía que se producirá y de los riegos que se derramarán. Mientras tanto pensemos en lo acertado de una política hidráulica que lleva camino de cambiar por completo la fisonomía del país y. en lo oportuno que sería brindar y festejar nuestro amor por los ríos españoles, lo mismo que los venecianos celebraban. y festejaban Jos esponsales simbólicos de su Dux con el mar. A. de M. han reducido el ritmo y la cantidad de su fabricación en espera de conocer los respectivos aranceles o, por lo menos, los criterios básicos según los cuales han sido confeccionados. De lo que hasta ahora, fragmentariamente y casi por in- discreción, ha conseguido saberse en esta materia, no se puede desprender con suficiente claridad cuáles sectores serán los protegidos y cuáles no. Y mucho menos la cuantía de la protección. Mientras duren estas incógnitas seguirá- -y puede que hasta aumentará- -la abstención y paralización. Y todos tenemos entendido que estabilización no es paralización, sino restablecimiento de equilibrio de fuerzas. José Luis Massa, en Economía Mundial núm. 1.004, escribe: Efectivamente el arancel de Aduanas, como pieza maestra de la economía, tiene gran importancia en la iniciación y desarrollo de actividades económicas, y es natural que cuantos tengan decidido propósito de establecer industrias o realizar inversiones esperen a conocer, como trámite previo a su decisión, cuáles son las L A cuestión de los aranceles está de la máxima actualidad. El director general de Comercio Exterior, en sus recientes declaraciones, con ocasión de su visita a Bilbao, manifestó que la nueva Ley de Aranceles espera que sea aprobada hacia el 20 de abril, y que en tal fecha estarán listos los nuevos aranceles y la tarifa fiscal que los complementa. Sobre el tema arancelario, el profesor Prados Arrate, en una reciente conferencia pronunciada en San Sebastián, decía que hay que implantar un arancel más elevado que el que hoy existe. La falta de este arancel ha motivado la contracción económica española porque el empresario no sabe a qué atenerse. El arancel es indispensable para el pleno empleo y la utilización de todos los recursos del país. El efecto de la estabilización- -continuó- sobre algunas in- dustrias ha sido anulado por el de la liberalización o por las perspectivas de una liberalización próxima. Los empresarios no tendrían tanto temor si se tratara sólo de estabilización; lo que les infunde mayores recelos es la liberalización. Esta significa la supresión paulatina de las testricciones cuantitativas y, por tanto, es indispensable montar la protección de la industria española sobre un nuevo arancel, puesto que el vigente de 1922 y sus derechos específicos no ofrecen hoy protección a las industrias. Eduardo Tarragona escribe en Actualidad Económica núm. 105: Entre las incógnitas que determinan una parte considerable de las paralizaciones- -que nadie puede ni quiere negar- -figuran en lugar destacado los aranceles. Depende exclusivamente de los aranceles si muchas de las producciones podrán sobrevivir. Muchas de ellas se han parado o