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Las grandes apologías modernas de la guerra, su exaltación como fuerza histórica creadora- -Scheler, Spengrier, etc. encuentran siempre en narraciones como la de Howaríh cierta tácita corroboración. Pero también cierta tácita repulsa. El belicismo y el pacifismo humanitario y sentimental están equidistantes de la idea cristiana, pues el cristianismo busca ferviente y amorosamente la paz, pero admite la Sruerra justa y canta al hombre que sabe en ella pelear y morir, sin odio, por Dios o por su patria. J. L. VÁZQUEZ DODERO EXTRAÑO PERSONAJE Fleur Cowles: El caso Salvador Dalí -Editorial No guer. -Barcelona. STA toiografia o retrato pintoresco de Dalí es, como 61 personaje retratado, una mezcla de seriedad y burla. La obra aparece en su versión española en un momento en que está de moda- -50 bre todo entre los entendidos -hablar daspeotivamente del famoso pintor catalán. A una dalifilia vehemente ha sucedido un ahtídalismo apasionado. Hay en esta última actitud bastante de injusticia y capricho, aunque tiene una explicación favorable: no es fácil soportar sin irritación o cansancio una sucesión de posturas para llamar la atención y en busca de propaganda, producida por un prarito de autoBonfling casi patológico. Estas cir- E SííÉiSliliM í S V Slogralfa dé un fiíáñ: excinífjlcoj m cunstancias no han debido, evitar nunca el reconocimiento de los indudables valores del artista y la impresionante y confusa personalidad de un hombre multiforme, en cuya vida se combinan el talento, el histrionismo, la sabiduría, la originalidad y la impertinencia de un modo avasallador y fatigoso. Pleur Cowles pertenece a la clase más dispuesta a la veneraciói; por Dalí. Su libro, empero, no es una constante alabanza. En ciertos aspectos encierra una crítica dura o displicente de todo ese sistema enrevesado de vitalidad, que encubre las indudables facultades de un pintor excepclonalmente dotado. También es difícil saber, frente al caso Salvador Dalí, dónde comienza y dónde termina el histrión para dar paso al artista auténtico, cuya importancia no puede ser negada por un capricho voluntarioso de crítica al uso. Mucho se ha escrito ya sobre Dalí, pintor, escritor, poeta, filósofo, seudomístico, decorador de escaparates, jojíero, etc. No hay verdadera causa para que la megalomanía daliniaña oculte los méritos que en muy diversos aspectos vitales tiene el desconcertante pintor. Muchas anécdotas contiehe esta biografía. Bajo ellas fluye, subterránea a ratos, como un Guadiana que se oculta, la compleja vitalidad. de un hombre que ha participado con eficacia en casi todos los movimientos artísticos de nuestro tiempo, destruyendo en ocasiones y edificando en otras. Dalí pasa de, Dada al Surrealisino con una l ó g i c a deducción: Dada, negación. Surrealismo, negación de negación; esto es, afirmación Dalí permanece con su obra y la unlversaliza, al paso que sus primeros colegas (Picabia, Arp, Duehamp) transcurren o quedan reducidos al recuerdo de una minoría demasiado selecta. Romper con lo oficial de un programa, cuya organización consistía en ir desorganizando abruptamente lo que estaba constituido. Entre sus originalidades más valientes está la de declararse católico y monárquico en un momento en que amhas calidades apenas tienen vigencia en los medios que pueden favorecer su avance y renombre como creador. Hay momentos en la vida de Dalí en los que todo parece entrar en orden. De pronto, ima violenta salida por la tangente lo echa todo abajo. Desde Cadaqués a Nueva York, la vida de Dalí es un continuo cambiar de posición, pero en el fondo de estas variaciones se mantiene una ruta de superación indiscutible. Entre sus más simpáticas determinaciones está la que SAUVADOR DALJ le define como profxindamente español dentro de su pura tradición catalana, y la permanencia de un carácter apasionadamente nativo. después de una entrevista coh Dalí, F r e u d escribía a Stefan Zweig: ¡Qué fanático! Nunca había visto un ejemplar más completo de español. Dalí se sabe original y cultiva esta originalidad hasta extremos enfadosos. La vida sería prácticamente imposible en el globo- -dijo una vez a la autora de este libro- si existieran doscientos o trescientos Dalí; pero no ítema, eso no puede suceder. Trabajador constante, cultiva intensamente su genialidad. Según Havelotck EUis, genio es alguien a quien la oípinión popular ha dado especial importancia. Bien puede aplicarse esta definición (Si la aceptamos) a Salvador Dalí, aquél a quien cantó Pederico García Lorca: ¡Oh, Salvador Dalí de voz aceituLnada! canto el ansia de estatua que per sigues sin tregua. el miedo a la emoción que te aguar da en la calle... Libro ameno, sabroso, de una galanura que a ratos se transforma en liviandad y hasta en simple juego sin importancia. La obra de Fleur Cowles se lee con alternativas de interés, admiración y fastidio, reflejo indudable de las sensaciones que produce Salvador Dalí cuando se le mira sih ningún exceso ni en favor ni en contra, sino tal como lo merece: como una personalidad significativa de nuestro tiempo, con toda la confusión que éste suele llevar consigo. José María BOUVIRON