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fgy it 25. -Citando al toro con el rejón. iivanzai; lapidísi ni amenté, dibujando con pincel Ae niafiera espontánea, directa y definitiva sobre la idiinoba p r e p a r a d a tal como h u b i e r a podido liacej- lij sobre papel. P o r supuesto, para usar con fortuna esta técnica se precisa u n absoluto dominio del tema y u n a mano tan bien dotada, h á b i l y experta como la de Picasso. Los toros fascinan a Picasso desde la infancia. Fué su padre, gran aficionado, quien le inició al conocimiento de la fiesta en su Málaga la bella. Más (arde cambiaría en Barcelona m ichos de sus cua (b os por las cuatro perras que costaba entonces una entrada a la plaza. Ahora Picasso es el mantenedor nato de las corridas en Francia, y a él se del) e, sin duda, el brillante florecimiento d e la fiesta española al otro lado de los Pirineos, Repetidas veces ha declarado el pintor su secreta vocación de tore; ro. I iene categoría p r e m o n i t o r i a la conoí ida anécdota de su investidura como f) ínt o r medio en b r o m a medio en serio, el p a d r e cedió al hijo, con un abrazo público, sus trastos fie pintar. Desde aquellos días hasta hoy los toros reaparecíen con obsesiva intermitencia e n la obra de Picasso. Se cuentan por millares sus dibujos sobre el tema. La gran obra cerámica de los i ütimos años, saturada de tauromaquias, es el velu- ro de las ilustraciones para el libro publicado a n o m b r e de P e p e- l ü o Ese fabuloso ejercicio previo ha permitido a Picasso realizar el m á s vivaz, fluido, exjtresivo y grandioso m o n u m e n t o gráfico dedicado desde Goya hasta nuestros días a la lidia del toro bravo. Me parece infantil andar buscándole a La Tauroma (juia de Picasso anacronismos y errores. Son ganas de Ijuscarle tres pies al gatoi A aturalmenle que la suerte llamada de D o n T a n e r e d o es iniiy posterior al supuesto tratado de Pepc- Iílo Y no digamos el automóvil que aparece en 1 sc- S 6. Alanceando a un toro. gunda viñeta, quizá el único que Picasso h a dibujado en su vida. Igualmente ocioso és descubrir que el torero picassiano está m a t a n d o con la m a n o izquierda. ¿Quién no sabe q u e en la huella de una imagen la forma aparece invertida? Hay u n a aleccionadora anécdota de Picasso a este propósito. Su p r i m e r grabado, hecho en los años de Barcelona, representa a im picador, ¡Siempre el t e m a de los t o r o s! Al mostrar a los amigos la prueba, alguien, dándoselas de listo, le llamó la atención: T i e n e la vara en la m a n o izquierda, y se pica con la derecha Por toda respuesta, Picasso cogió un lápiz y escribió al pie del grab a d o E l Z u r d o Con este título está expuesto en el Museo de la Cindadela. En realidad, el famoso tratado de Pepe- Tilo no es más que u n pretexto p a r a ublicar los grabados de Picasso. Este h a interpretado el libro con su habitual independencia y absoluta libertad, a la vista de ima edición p o p u l a r de bolsillo relativamente m o d e r n a La primera edición de L a T a u r o m a q u i a vio la luz en Cádiz en 1796. La segunda, corregida, apareció en Madrid en 1804. La tercera, t a m b i é n en Madrid, es de 1827. E n 1834 se hizo la cuarta en Barcelona. Nuevas ediciones fueron impresas en Madrid en los años 1875, 1879 y 1894. El verdadero autor del libro es José de la T i s e r a u n culto aficionado. PepeI l l o era analfabeto. P a r a satisfacer la posible curiosidad de los bibliófilos, a ñ a d i r é que las aguatintas h a n sido est a m p a d a s en los talleres Lacouriére, de P a r í s y el texto impreso en Barcelona, con los bellísimos caracteres de I b a r r a el célebre impresor d e cám a r a de Carlos I I I La edición, e n páginas d e 35 X 49 ctn. es u n a auténtica joya. S. A. B