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PLASENCÍA esto un inal comienzo. ¿Y dónde nos puede guiar el arcángel sino a una cafedral? Enfrentado con ia de Plasencia, aventuro mi desapasionado juicio- Como procuro que sean todos los míos- es la m á s hermosa de Extremadura. Recomenzada e inacabada, su desdofdamionto le presta un sutil encanto. V es un índice maravilloso del arte extremeño desde fines del siglo XIII al XVI. Comenzando por su portada más primitiva, la del Perdón, donde los vohímenes y elementos, entre románicos y góticos, apenas si hacen alguna Cierro ahora yo tanjbién el li- arrítmica concesión, pasamos al ámbito interno. Aquí, la sorpreSon las décadas postrimeras del bro, apago la luz, enciendo la imasa; un recto muro cierra en la casiglo Xlí. El peligro almohade ginación; pero el sueño ha Ilebecera sus tres naves de cuatro trado, crece de continuo, pero aún están tramos, ¿Qué ha sucedido? Anlejos, los días de las Navas de Tos i a n d o los placentinos espacios losa. El gran promotor de esta. más amplios para su fe, comenjornada, ahora joven, rige CastiEn la fresca mañana un tibio lla Alfonso VÍIL En ima de sus sol acaricia mi mirada al iniciar zaron a fines del siglo XV tma algaras al occidente de su reino, el callejeo por Plasencia. Inme- nueva catedral, que, a inedida de por tierras fronterizas con él Is- diatamente, más aán comienzan su avance, iba destruyendo la anlam, funda Plasencia sobre la pri- a acariciarla los recovecos de ca- t i g u a. iVIarcará lá transición el mitiva aldea dé Ambroz. La fvuida lles y plazuelas y las bellas for- claustro, de p 1 a n a ctiadrada, y como ciudad, concediendo íuero mas arquitectónicas de sus señe- adonde se abre la que fué sala cade población que enriquecerá su ras edificaciones. Hay qiie patear pitular, hoy capilla de San Pademografía y marcando en él pri- las viejas ciudades española -y blo, cuya cubrición exterior os un vilegio fundacional sil finalidad: las de todo el mundo- -para cap- prodigio- -ciípula coronada jior para que plazca a Dios y a los lar sus recónditas esencias, para pirámide de escamas y torrecillas hombres Encaminado a lo pri- gozar sus, múltiples sabores. Sólo de cónico remate- -que la rela, mero, pronto tendrá Plasíír. cia ca- así la percepción se transformará ciona como dilecta discípiík con tedral; y para deíenderse de los en íntima vivencia, y esto es lo la torre del Gallo salínantina y segimdos, recias murallas, seme- que importa porque e lo que que- la de Toro y Zaínóra. jantes en su estructura a las in- da; y lo que moldea. Álhoreo el siglo XVI cuando ia signes abulenses. La ciudad crece Tal método, en Plasencia, a gui- catedral nueva va tonuuido forma, en importancia y es entregada tTn grupo excelso de maestros recomo señorío a una sobrina de San sa de dificultoso, indispensable: porque dentro del recinto amura- haceníistfts dejará su impronta en Fernando; más tardé, a la familia de los Nobleza, pues, llado sus puntos fundamentales de ella: Francisco de Colonia, Juan en Pla. sencia; y con ella, epígonos belleza se recatan entre las cons- de Álava, Covarrubias, Siloé y Gil feudalistas también. Hasta que los trucciones sin especulativo artís- de líontañón. Quizá de todos, sea inevitables Reyes: GatóliCos (lirijfflív tico, y así la sorpresa de su ha- el segundo quien mostrará nuís los ánimos a unas metas distiníss llazgo reforzará el interés de la su personalidad eti la piacentina. No llegado aún el monasterio fie impensadas. Y entonces, pare caminante biisqueda. Para inicio, en la puerta de la lipense, se siguen usando bóvedas Plasencia- -como para tísda Estremadura- -surja la tentación dei Berrozana, casi oculta por las ca- de crucería en el plateresco. Esta Atlántico y la realidad de í i i i a sas, un trasunto de los bélicos ava- de Plasencia son. impresionantes: tares plaoeatinos. ¡Qué mágico po- Chorros estala gmíticos, creado América. der de medieval seducción tiene por el hombre, desparraman los Jirones de sus avatares Iñstóri- cualquier lienzo de muralla, aun- altos y esbeltísimos pilares sus eos, los monumentos placeütlíios. que, como en este caso, sea casi nervaduras por la bóveda, de comEstos monumentos cuya. vivv íHCÍft? mínimo y haya sufrido una re- plicado entrecruce, sin capiteles tendré niañana y cuyo marco aho- edificación dieciseisesca! En la intermedios q u e l a s atena cn. ra, en la noche, Jve constrsjído ar clave del arco, un arcángel No es litace falta ir a ia sala capitular ropea que llevó el signo de Ron a. Pero ahora, aquí, Plasencia: una noche pai- a descanso y una jornada entera, Ja de mañana, para gozo y aprehensión de sus hellezas. Y como preparación a e l l a s, ¿por qué no ojear- -nsientras llega el sueñoTM este libro de oraciones profanas en que toda guía turística se convierte, si es que sabemos, una vez ante 1 bosque? estético, ir más allá del árl) oI estadístico? Toma cuerpo así, una vez más ante mi mente, el intrincado proceso de nuestra singular Reconquista. quetípicamente. Y el esquema no puede ser más sencillo; Del románico salmantino se ha pasado al tenue románico extremeño. Crecimiento poítlacional, decurso temporal y ndveniniiento de un gótico que, casi sin sentirlo, se cxicuentra en lo reascicnte. ¡Tensión vital española del si lo XVI! Hacen su aparición las miíltiples gamas dei ornato plateresco en fachadas catedralicias y palaciegas; y en los interiores arquitectónicos las sucesivas etapas del ciclo se verteí raí) escalonadanuínte, con lo que éste queda así cerrado.