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CARTERO El alcalde de Oakiand ha llegado a ser- un gran amigo de Connolly, en quien tiene un buen informador de la opinión del hombre de la calle Ahí está con el icai- tePo y su esposa fotografiados en una plaza de la ciudad, teniendo como fondo la t o r r e del periódico Oakiand T r i b u n e profesional, es un hombre terriblemente independiente. Permitió hace pocos días, a regañadientes, que el alcalde le in- vitara a cenar a él y representantes de las doce naciones que recorrerá para discutir los aspectos mecánicos de su viaje. Por el contrario, se siente a gusto en su trabajo, porque, según confiesa, -es para él algo más que un medio de ganarse la vida: no sólo soy un mensajero de alegrías y penas, sino que ayudo a comprenderse a gentes de todo el mundo Así nació la idea de su viaje. Contrastó su idea con los pareceres dé sus amigos del bulevar MacArthur y se sorprendió de la favorable acogida que encontró. Un día le llamó el alcalde. el señor Clifford E. Kishell, para poner en sus manos cartas personales para los alcaldes de las ciudades que, según había publicado el Oakiand Tribune el día anterior, Connolly iba a visitar. El señor Rishell tuvo entonces ocasión de oírle explicar, con su estilo llano y gráfico, có mo había concebido este víaje para tomar contacto, persona a persona, con los carniceros, panaderos y fabricantes de candelabros de Europa.