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tarle y maroharse a vivir awla, como haría él inmediatamente en un caso semejante. El médico de fama etiyo primer ayudante femenino empieza a comerle terreno en el campo profesional no se preoicupa demasiado, está convencido de que una mujer, por muy dotada que sea para una labor determinada, siempre acaba abandonándolo todo para casarse, aunque sea sin estar enamorada y con un hombre mediocre, por miedo a la soledad. Nuestro tremendo handicap en la vida no es, como creen los hombres, el medio ambiente en el que se desarrollan nuestros días, ni la poca libertad, tampoco la sensibilidad a flor de piel o la falta de tenacidad. Somos ij ual de inteligentes que ellos, igual de resistentes a trabajo, igual de equilibradas, a veces hasta más audaces, tenemos ráfagas de intuición ique están muy erca de la genialidad. Pero no podemos estar nunca solas, nos espanta la toledad: el Irio de filas nocbee sin más compañía que nosotras mismas, el rumor de nuestros proipios pensamientos, las ciudades grandes en las que nadie nos conoce, las casas de vecinos indiferentes; el tictac del reloj en una habitación vacía, los trenes llenos de viajeros indiferentes. Si pudiéramos hacer frente a la soledad cuando es necesario, el mundo sería nuestro. Nuestro el éxito, nuestro el amor, nuestra esa fabulosa existencia de los hombres, llena de recodos insospechados que nos ihace suspirar con nostalgia, en Jas tardes de invierno junto al fuego, cuando estamos esperando un hijo: -Quiero que sea un cíhíco, porque los hombres son mucho más felices. Ellos tienen mucihos más problemas, más responsabflidades, más trabajo, pero sin miedo a quedarse solos. Sin ese fantasma que hace a la muchacha huérfana casarse a jos cerrados con el primero que la pretende, a la secretaria renunciar a un ipuesto de categoría en América, a la mujer mayor vivir incómoda en casa ie su hijo casado teniendo medios para ser independiente. Ese fantasma negro que nos hace compadecernos de la mujer sola, aunque la veamos triunfadora, llena de éxito, en la cumbre de sus aspiraciones: -Es una pintora fenomenal, gana lo que- quiere... Sí; pero está sola. Y la madre de siete hijog a la que pega su marido no se cambiaría por ella. ¿Porque es más feliz? Ni hablar. Pero piensa que en este mundo cualquier cosa es mejor que la soledad. Si fuésemos resistentes a la soledad, como los hombres, seria nuestrí el mundo, y yo me pregunto: ¿qué haríamos con él? Bien están las cosas como están. Begoña GARCIA- BIEGO ñé h. fmm íí: Vi f dn ü