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llamé al oamacero para que graduase la refrigeración de mi eamapote... (Fotos aarcía- Pelayo. por IR mañana, a las once en punto; agregó que estaba muy cansada y que si alguien queria íiablar con ella le dijeran que hasta el día siguiente no deseaba ser molestada. Volví del baile a las doce y media. La noche era muy calurosa y llamé ál camarero para que graduase la refrigeración de mi camarote; así lo hizo, desde el cuadro de mandos de un cuartito, situado a; l extremo áeH pasillo; pero no oí regresar a Karyl a su dormitorio, que era el mimiero 103, contiguo al mío. A la mañana siguiente asistí a un campeonato ds ping- pong, en el que quedaron; finalistas el argentino y un belga. Vi que im camarero se acercaba a Cortezo, que estaba presenciando el final del juego, apoyado en una de las mamparas de cubierta, y, al observar su expresión perpleja y asustada, me levente para saber qué ocurría. Junto ¡ajamos a la ertfei- mería, donde había sido trasladado el cuerpo sin vida de la muchacha. Eran las once cuarenta y cinco de la mañana. En los primeros momentos se pensó que había muerto de un ataque al corazón; pero después, el médico de a bordo, comprobó por ciertos síntomas que presentaba el cadáver que el fa Uecimiento había obedecido a una intoxicación por ciorhidrlna de etlleno inhalada y la riiuerte debió producirse alrededor de las siete de la mañana. Después dijo al sargento Qrlm on expresión satisfecha: Tome nota de un telegrama para Buenos Aires... For favor, querido Paúl, si ve usted en estos datos alguna pista que sefiale a uno de mis tres sospechosos le mego eablegraiíe al Hotel Plaza, donde aún permaneceré hasta el día 19 de este mes, pues mi prestigio quedaría muy mal parado entre la Policía de este país si no descubro al autor de un asesinato que se ha cometido ni da menos que en el camarote contiguo al que yo ocupaba. Mis vacaciones, aparte de este desgraciado incidente, transcurren de nn mpodo maravilloso. Pero echo de menos nuestras charlas y los cafés de los jueves. Un cariñoso saludo de su buena amiga. -Marita. El inspector releyó la carta varias veces con el ceño fruncido y después consultó un manual de venenos y antídotos que escogió de su biblioteca. Buscó la clorhidrina de etileno y subrayó con lápiz rojo las siguientes palateas: liquido incoloro e inodoro que se evapora a la temperaitura ambiente, lia cantidad máxima tolerada en el aire es de 2 p. p. m. La muerte se produce unas tres horas después de inhalado o ingerido, como consecuencia de colapso respiratorio o circulatorio. iDespués dijo al sargento Grim, con expresión satisfecha: -Tome nota de un telegrama para Buenos Aires. ¿Quién la mató? (Solución en las páginas azules. ÍBl camarero hafeía permanecido de guardia al íinal del pasillo, junto al cuarto donde se hallaban los mandos del sistema de acondicionamiento del aire, y declaró que entre la una y las dos de la madrugada los tres sospechosos hicieron una corta visita a la víctima. Después de dar las touenas noches a su último admirador, la muchacha cerró la puerta con llave desde el interior del camarote. El camarero ño se movió de su sitio, exceptuando unos minutos, alrededor de las tres, durante los cuales fué a hacer la litera de la cabina del m- jusricano, y a la mañana siguiente, a las ocho, sirvió el desaytmo á varios pasajeros que no se hallaban relacionados con el caso. iPor lo tanto, y para aclarar conceptos, los hechos son los siguientes: 1. B ryl se retiró a la una de la madrugada a su camarote. 2. Entre la una y las dos recibe la ivisita de sus admiradores. 3. A las dos cierra la puerta con llave y telefonea indicando que no la molesten hasta el día siguiente, a las once, 4. A las siete muere. 5. A las once y cuarto de la mañana el camarero descubre el cadáver, que es trasladado inmediatamente a la eníermería. 6. A las once y veinte (en cuanto el médico sospecha la posibilidad de un asesinato) se precinta el camarote.