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cuDi- e algún indicio aufi haya escapado a Bü análisis y a las lovestigaciones realizadas por la Bollcia locail. El transatlántico en el que viajábamos, con sus treinta mil toneladas de desplazamiento, siu- caba suavemente un itear aaul y traníquiilo. Nos acercábamos a la línea del Ecuador. Los trescien. tos cincuenta pasajeros de primera olass nos preparábannos para la fiesta de graii gala íjüe iSa a celebrarse por la aotdie, con motivo dBí cruce del paralelo mayor del Sflobo. Todos nos ntiamos akirres y- excitados. Fuera hacia mucho calor, pero en nuestros camarotes, dotados con aparatos de aire acondicionado, la tesaiperatura era deliciosa. iDasde el primer día del ¡viaje me ftjé en. una mujer alta, rubia, de grandes ojos azules, elegante y atractiva, iufi llevsiba a su alredcaor una corte de admiradores constantemente Me dieron Que se llamaba Karyl Therson, s que. además de su Jiiventud y belleza, iM ía ana de las fortunas más taportantes de íEstocolmo. A lo largo del viaje pude comprobar QUe de entre todo aijuel enjambre de admiradores ella habla seleccionado a tnes: un muoha bo argentino, campsón de polo, alto, moreno, de ojos oscuros apasionados, siempre vestido con pantalones y camisas de sport; un irfanista, de nacionalidad cubana, hombre muy inteligente, llamado Jaime Corteao, y, por último, un íunericano de unos cuarenta y cinóo años, alto, con el pelo canoso, de muy buen porte, gerente de una empresa de Boston, Entre estos tres, querido amigo, b brá de encontrar usted el autor de la muerte de ICarsrl. Mía estaiba jugando con fu o. la. víspera átí asesinato la vi por ¡maüana flirteando con el argentino en la piscóla: luego, por la tarde, bailando coa. Cortesso como si estuviese locamente enamorada de él, y ipor la nocibe, cenó con el americano. 1 Q ifin, vayamos a los techos, que procuraré ej onerle con todo detalle para que pi da usted enfocar claramente este inexplicable misterio. Karyl asistió ai baile con un traje de noche de raso dorado, maravilloso, y estuvo un rato con cada uno de sus tres admiradores. A la una de la madrugada se retiró a su camarote. trna hora más tarde llamó por teléfono a la centralilla y dló órdenes para ¡que le entrasen el desayuno He estudiado día y n o o h la Ipounstanoias del delito...