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J t Í R 6 PA Ñ Q l i s lA TRAPA Felipe Ximénez de Sandoval: La comunidad errante Ediciones Studium. Madrid, 1959. 446 págs. N la historia y en la novela ha mostrado Felipe Ximénez de Sandoval una pluma fluente y lálsciplinada, con auténticas dotes para la narración. Y ha comunidad errante le revalida ese titulo de narrador y el de escritor de vasti s lecturas iiistóricas. La biografía de los cistercienses auna el interés religioso y el humano. Ximéneü de iSandovai la considera epopeya, y en cierto sentido no es comprometido admitirlo. Incluso resulta palmaria la influencia de la Comunidad de servidores de Dios, caballeros de la Virgen en la marcha de los acontecimientos. A sus antagonistas se les llama también aquí soldados del anticristo hos monjes blancos han reñido contra ellos srrandes batallas. su crónica se encuentra en estas pigrinas, caldeadas por la devoción a la Trapa. Ahora bien; La comunidad errante no es un libro apologrético, sino ¡iii relato documentado principalmente en tres fuentes: un manuscrito anónimo de principios del siglo XIX, unos cuadernillos escolares sobre la expulsión, en 18 S 0, de los relisriosos españoles refugiados en ia ÍTrapa francesa de Devielle, y, por Último, otros autógrafos del hermano Pol, de la abadía de La Oliva. El espectáculo del naciente monaquismo oriental y occidental es alucinante. Y gigantesca la figura de San Benito, que lo salva, dos siglos más tarde, de una crisis mortal. Su significación en la vida de Europa, y siglos después la de Clunyr- -cuyos seis primeros abades subieron a los altares- pertenecen rigurosamente a U historia de la cultura, como el enorme San Bernardo. Hay en todo movimiento una gran belleza, comenzando porque el Císter nace en el bosque cuando San Roberto de Troyes funda y reforma en terrenos donde abundan las cisternas y verbenean unas flores, quizá gladiolos, llamadas cistels nombre de ne derivó el de los lugarra en que se tablece la nueva comunidad: Cisteme o ateaux ¡T qué talla l a del abate Raneé, ahijado de Rtchellen, asceta y luchador, todavia discutido en libros recientes! Bescriblendo a Raneé logra Ximénez de Sandoval algunas de las mejores páginas de su obra. cía divina. Porque eg conmovedor imaginar a los frailes caminando a pie, como nómadas vagabundos, a fines del sifflo XVIII, hacia Suiza y hacia España; llegando en triunfo a Barcelona y a Madrid; pasando calamidades para legalizar su situación, primero en Poblet, luego en Santa Susana de Aragón, atendidos por el pueblo humilde y por el duque de Híjar; reconstruyendo este último monasterio, que alcanzó nn auge efímero; abandonándolo luego, en la guerra de la Independencia, para huir a Mallorca, y tornando par fin a él. Larga y azarosa peregrinación de siglo y medio, en. el que el abad fray Geráslmo de Alcántara tuvo a su tiempo el papel que correspondía a su personalidad emitiente. La legión pacífica se asentó por último entre ios española y dio de nuevo monjes dignos de los ascetas de otros tiempos. Algo impresiona profundamente a quien sabe admirar y envidiar el temple de las almas: la lucha heroica y victoriosa por conservar la paz del espíritu en medio de un cúmulo de contradicciones, pesares e inquietudes. Esta paz sobrehumana deja atónito al hombre angustiado de hoy. Yo pienso que es aquella que cantó Tibulo como presintiendo el inefable misterio cristiano: la Paz que hace caer ante nosotros los frutos que esconde en los pliegues de su túnica blanca. Desde ia obra de Mier, aparecida en WIZ, la Trapa española no ha vuelto a tener una biografía como la que ahora debemos a Feíipe Ximénez de Sandoval. J. L. VÁZQUEZ DODEKO E FELIPE XIMÉNEZ OC SANDOVAi. Se cre ó que al desaparecer el admirable Raneé, espejo de penitentes, la Trapa se desplomaría. Pero la Ei trecha Observancia, que fué capasi de conjurar una grave dec dencIJEi en el siylo XIV, conservaba pujante su vida interior. SI hasta entonces habia intervenido señaladamente en concilios y en asambleas seculares, cuando siglos más tarde se acerca ia Revolución, las comunidades trapenses se liacen errabundas para mantener los tesoros del espíritu. La historia de esta vida errante honra al género humano. Sus peripecias pueden seguirse con respeto y con emoción aun por las almas más alejadas de cualquier experien- LETRAS UN POETA POPULAR EXTRAN JERAS mentaciones de los unos y el desdén Heno de excusas de los otros lo demuestran. Esta regla tiene sus ex John Betjemati s Collectei cepciones, para sorpresa de unos y Poems recopik U y prolo- otros, y a veces la excepción se cumgados por lord Birken ead. -ple sin aue un premio oportuno venga a dar vigencia momentánea a un John Murray, Londres, conjunto de poemas, y sin que la tSE los libros de poesía se ven- muerte, esa triste posibilidad de conden con dificultad es cosa que sagración del ínviiemo, llsgpue a depai ce reconocida y aceptada terminar el valor de una oi ra. tanto por los íxropios poetas como Hay auien dice aue la escasa dipor los editores; las resignadas la- fusión de la poesía es un mal espa- Q