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r jí? s 1 MÍh i y DI STEFANO ESTABA ALLÍ. -Se ha tildado a los ases madrídistas de Inopepanola en el estadio Sánchez Plzjuán Sin embarco, sirva orno ejemplo el caso do DI Stéfano, que jugando retrasado, estuvo delante tantas veces orno podía vislumbrarse oportunidad de disparo. Como en este asot en que mientras Rlat Intenta dirigir la pelota haola el manco el ariete permanece en estupenda poslcif n de remate. El acierto no siempre se ompad eoe on la voluntad. del resultado, se pensaba en él como posible culpable d lo que ocurría en Sevilla. Y nada más leios de la reaUdad, puesto Que si hubo un bombre en Is ñlas madridlstas al que no qvmpa culpar de nada, ese fué Domínguez, siempre seguro, aunque en algunos momentos el asedio a mi marco fuera abrumador, y víctima de cuatro tantos en los que apenas cabe achacarle culpa, y si als: una culpa tuvo, vayase por lo mucho bueno que hizo a lo lariro de los noventa minutos de Juego. En resumidas cuentas: o pudo el Madrid s: anar! a li a en Sevilla, que era xma de los sitios donde podía amarla; pero no por so cabe dársela ya por ganada al Barcelona. Es, mencsti recordar- -no Importa ia insistencia en ello- -que el Madrid tiene pendiente un partido, precisamente el de Barcelona, en el que, a destiedio de otras contraridades, puede granarlo todo y tiene muy poco que perder. Y conste que esto no es un pronóstico. És, simplemente, razonar que el Madrid no ha perdido aún la Liga, sin negar que el Barcelona puede también ganarla. El estadio Sánchez Pizjuán o, más concretamente. su público, recordó al cronista e! ambiente de una plaza de toros. lAquelias palmas acompasadas que subrayaban las jugadas del conjunto del Sevilla; aquellos ¡Oles! que coreaban cada certera intervención de im jugador sevillista; aquel hervidero del fondo norte, con sus camisas, sus abanicos, sus viseras, sus pañuelos en la cabeza... Todo bacía pensar, mientras no se mirase al césped, en un coso taurüio. Sin embargo, abajo, donde el público concluía y con él el presunto ambiente i urino, se jugaim al fútbol, y quien más jugó ai fútbol i nó el partido. Consignónos finalmente que el Sevilla estuvo constantemente afortunado y que su fortuna fué, naturaimente, infortunio para el Madrid, y que el Sevilla jugó con más ahínco, con más ímpetu, coa más ganas de no dejarse ganar la partida. ¿Fueron ese ahínco y esas ganas consecuencia o generadores de la fortuna? La duda de si fué lo uno o lo otro es para nosotros el más apetecible aliciente d d fútbol. En e s contingencias que no obedecen a pronósticos científicamente elaborados, reside la gracia de este juego. M. M. -CH.