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para los dos tuvo frases de halago y de agradecimiento, que don Baldomero y don Fabián matizaban de doradas esperanzas en sus reflexiones solitarias, t o s innumerables días que Gloria fué á hacer sus omipras bien a E 1 Encanto o a Las Maravillas fueron días de a u rora y de eclipse a la par en el calendario ilusorio de nuestros héroes. ¡Cuántas noches, después de cerrar, lo mismo don Fabián q e don Baldomero, iban huidizos a darse una vuelta por las calles adyacentes a la casa de Gloria, por si tenían la suerte de cruzarse con ella o de encontrarla cuando regresaba de sus compras. Más de una Vez hasta coincidieron en sus rutas los dos enamorados, bien en un cruce fu- gaz o en u n momentáneo paralelismo de aceras opuestas. Pero ni el uno ni el otro sospecharon jamás que su colega profesional fuesíe también, en aquellas horas, on el paso acelerado, disimulando el p o sible hallazgo de la mujer de sus p e n samientos. Las rarísimas ocasiones que alguno de ellos vislumbró a Gloria en su rápida búsqueda nocturna no les sirvió más que de súbito azaramiento, encubriéndolo para el disimiulo con el fingido liar de un pitillo, qiie les obligaba a agachar su mirada aparentemente, aunque con el rabillo del ojo siguiesen su silueta deslumbradora hasta la desaparición por un recodo callejero, Y así desfilaron sus lustros, siempre esperando cada uno de ellos la decisión afirmativa de su soñada Dulcinea. Debió de ser en los últimos años de, su vida comercial cuando cada uno de