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SANTOS iUÓARES 4 EL RIO DEL BAUTISMO EH un río estrecho, bastante hondo, solitario, bordeado de árboles humildes. Un río más; pero álh allí mismo, entró el Señor para que Juan, el llamado Bautista, derramara sobre El agua de este río. Cristo quería aparecer como los otros, como los que recibían al bautismo de Juan que anunciaba el otro: el suyo era como amargo, de penitencia. No podemos recordar nuestro bautismo, pero sí sabemos que nuestros padrinos dijeron por nosotros las pala, bras de renuncia y de victoria. A través de la penitencia cuaresmal iiitentamos bucear en la inocencia de nuestra niñez. No sería nuestro paisaje interior más rico que este río, aquí como cenicienta y embarrado: pero entra Cristo como en el Jordán. LA IGLESIA DE LOS PANES Y LOS PECES, LA IGLESIA DE TAPRA Uno de los milagros más conmovedores. La Iglesia que lo recuerda tiene el máximo acierto de la sencillez: ciprés, pino olivo, cal viva, piedra humilde. Hay una pequeña loma sobre el lugar del milagro. Siempre he pensado que Nuestra Señora estaría allí y que hasta allí alguien, algiín amigo, algiín familiar llevaría un poco de pan, un trozo de pez. Bello recuerdo de las manos del Hijo. Í 4. -1