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bichuelas de un año. Mariano insiste: -Eso, las tierras y el río. Y ihay que explicarlo. El valle es espléndido y da sin cansancio las dos cosechas. Pi- oduce, sobre todo, centeno y castañas y un vino susvillo y jacarandoso que es una pura delicia. Del. aguardiente ya le hablé. El río brinda, parece que en aluvión por como llegan a Lugo, excelentes anguilas. Entre el iPedazo de tierra y la pesca se va viviendo. Y allá arriba- -dice Marianohabrá que hacer las tierras y esperar, y, si acaso, esiperar para nada. Aquí nadie quiere irse, ¡Nadie! Remacha el inadie! con un inocente brío. Y no es verdad, aunque él la siente ccmo tal. Precisamente, el niás agudo de los problemas, aparte tíl traslado, que se presenta con la destrucción del viejo Puertomarín es que muchas gentes no quieren la nueva casa en el Monte Cristo, sino los cuartos en la mano para largarse a otros predios más habitados o más bonitos, o las dos cosas a la Vez. -Y el alcalde, ¿qué dice él alcalde, Mariano? ¡Qué va a decir si la inundación no le coge las tierras! Estamos viendo tos altares y retablos de San Juan- -de San Nicolás- que le dicen a usted en Pueritomarín, porque es el Patrón de la villa y está su imagen en el altar mayor. Subimos despacio, repitiéndonos que la vida del artista peligra entre esta baratmda de visitantes, los escalones qUe conducen al cam- panario. Son 88- -dice Mariano- y los domingos los tengo que subir cuadro veces Desde aaií se ve la geta greñuda del Monte Cristo. No lo veo, pero Mariano, seguró, se persigna. M n subimos diez escaílones más- aquí nada más que los hombres, que esto es muy ipeligroso dice M riano llenándonos de orgullo- -hasta el nicho de Un antiguo reloj. Alguien, alhajo, en el órgano, arranca con el himno dé la Legión. Le digo a Mariano que no es para tanto, pero no le hace gi acla. No le hace gracia nada. A ver, está el pobre viviendo lá nerviosa inquietud d! e las grandes vísperas acaso como ningún otro habitante de este pueblo hecho para ser visto despaciosa, parsimoniosamente; el rico y tierno bocado que se ha de engullir río alguno, aunque éste sea el dulce e historiado Miño. A. A. Típloa ¿alie de Puertomarín, (j F o t o Luis Rueda. j