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ANTHONY en las Baliamas y allí se han enterado del noviazgo real de Anthony. BREVE HISTORIA DE UN AMOR La historia del amor de Tony y Margarita comenzó hace seis meses, pero arrastraba tina larga gestación de dos años. Entonces, Armstrong fué resentado a la Familia Real por Willy Wallace. Por su calidad de fotógrafo tuvo acceso libre a Palacio y entre foto y foto- -las oficiales del veintinueve cimipleaños de la Princesa están hechas por Anthony- -tejió su idilio con Margarita. Desde el primer momento, el duque de Edimburgo vio con buenos ojos las relaciones, dicen que las alentó, adoptando así ima actitud diain ítralmenle opuesta a la del caso Townsend. Estas Navidades, Tony fué invitado al palacio de Sandrigliam y allí permaneció una semana junto a su amada, vigilados or Ja Reina madre y el Príneij) e Felipe. Se pensó, entonces, hacer público el noviazgo, pero la Reina pidió que se aplazara hasta después del nacimiento de su hijo. Ahora, ya lo sal) eii todos; la Commonwealth y los Dominios, los gobernadores generales y los primeros ministros: la familia y los amigos; y el pueblo, dicltoso pueblo que se alegra de la boda democrática de su Princesa. MARGARITA ROSA DE YORK La Princesa Margarita recuerda en algunos aspectos a su tío el duque de Windsor, el que cambió Corona por el amor. Margarita es rebelde, Margarita ha preferido el matrimonio morganático a la dorada jaula de la Corte de St. James. Dicen que tendrá que acoplarse a la vida bohemia de Tony, que éste es incapaz de someterse a protocolo, que prefiere el jazz a los ceremoniosos valses de Palacio: eso no le importa a la Princesa, como Tony, es una entusiasta de la música moderna, a la par que una excelente pianista. Si Margarita no se casase podría decirse de ella, en paráfrasis, que era la Princesa de los tristes destinos. Desde que se puso de largo en 1951, su nombre aparece ligado a una serie de pretendientes; con ima particularidad: achacarle a alguien el noviazgo con Margarita era patente de posterior matrimonio. Pretendientes ha tenido en la opinión óvl vulgo por lo menos doce en doce años, lo que ya es un récord. En 1949 le adjudicaron a Dominique Elliot, hijo del conde de Monto; en 1950, le tocó el turno a Willy Wallace, su paladín, su acompañante; en 195 L fueron tres: el marqués de Biandford, Jord David Olgavie y el conde de Dalkeith: en 1952, Mark Bonbtam Cárter, hijo de lord Asqnitb; de 1953 a 1955 acapara el terreno Peter Toívnsend; en 1958, el reverendo Simón Phipps; en 1959, el sheriff Godsal; en 1960, al fin, Anthony Armstrong. A esta relación- -publicada por la Prensa francesa- -hay que añadir a Miguel de Rumania, el conde de Derby, el príncipe Jorge de Dinamarca, el marqués de Milford- Haven, lord Forchestershire, lord John Hope, Tom Egerton, lord Plunket, el príncipe Bertil de Suecia, John Turner, el príncipe Enrique de Hesse. ¿Cuánto hay de leyenda y cuánto de realidad? Sólo el corazón de Margarita sabe la respuesta y el corazón, afortunadamente para ella, escapa a la sa- r gacidad de los periodistas. Pensamos que en lá vida sentimental de la Princesa prevalece un nombre, aparte de este de ahora, por encima de todos: Peter Townsend. Townsend el amado, el prohiliido. Durante tres años el coronel y la Princesa- ¿verdad que parece un título de novela? -vivieron una romántica aventura, con un doloroso desenlace. El 31 de octulire de 1955, Margarita renunció públicamente a casarse con Peter. La Reina madre, la Reina Isabel- -como cabeza visible de la Iglesia anglicana era opuesta a ia boda porque Townsend era divorciado- el duque de Edimburgo, se salieron con la suya. La rosa de su nombre se mustió aquel día en Margarita. Hay que reconocer que Townsend no estuvo a la altura de las circunstancias, debió permanecer célibe en recuerdo de un gran amor; pero el anuesto coronel, en diciembre último, se casó con Marie- Luce Jamagne y dio así im portazo definitivo a sus relaciones con la Princesa. ¿Será feliz Margarita? El mundo entero, ganado por la simpatía de la Princesa, lo desea. Su Alteza Real la señora de Armstrong- -para salvar esta incongruencia parece que la Reina concederá un título nobiliario a la pareja- -renuncia a muchas cosas. Otras gana: un marido simpático, alegre, divertido; una vida desenfadada, de, señora corriente, sin protocolo; y nueve mil lil) ras anuales más de lista civil- -la asignación de la Princesa era de seis mil libras y ahora será de quince mil, aproximadamente dos millones y medio de eselas- En la futura felicidad de Margarita sólo hay una sombra, la sombra de una leyenda: las mujeres que nacen en el castillo de Ciarais, para ser felices, tienen que casarse antes de los veinte años. Margarita nació en Glamis- -un castillo del siglo XI, nada menos que la mansión de Macltetb, solar del conde de Stratlimore, la familia de su madre- -el 21 de agosto de 19.50. Entonces, era la hija segunda del duque de York, luego Jorge VI por abdicación de su hermano Eduardo VIII, de ese duque de Windsor que, en tanto, recuerda a la Princesa. J. M. G. La Reina madre se ba declarado partidaria de la boda de Margarita con el fotógrafo. Aquí la vemos con los prometidos en una significativa escena familiar.