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GOLFO NUEVO 30 de eneto último, üuidadíes de ínstrucció de los cadetes navales navegaban por el Golfo Nuevo, si tuado a setecientas millas- -mil doscientos cincnen ta kilómetros- -al sur de Buenos Aires, cuando distinguieron un submarino inidentificable. La presencia del intruso en esta zona, precisamente la utilizada por la Flota argentina para sus manió bras, fué comunicada al alto mando naval, que movilieó todas las fuerzas de q Ue disponía para la captura del submarino. Este se hallaba localiaado dentro de Golfo Nuevo, el mayor puerto natural d; e la Patagonia, a ciento cincuenta metros de pro fundidad. A partir de este momento el acoso ha sido continuo. Hidroaviones de las bases de Bahía Blanca y Mar del Plata han bombardeado el lugar donde jse suponía al submarino, llegando a afirmarse xjue fué alcanzado y averiado el día 4 de febrero. El contratorpedero Cervantes y los patrulleros Kind y Muratore -este Bfeo participó én los anteriores y frustrados empeños de capturar a los submarinos agresores- -sembraron de minas los 16 kilómetros de anchura de la boca del golfo. Hombres- raná aüxiHaron a los buques de guerra, las pantallas de radar permanecieron alerta, unidades de Infantería de Marina se estacionaron a lo largo de la costa para evitar un posible desembarco. BI 11 de febrero; el Presidente. Frondizi ordenó el ataque total; en la operadón participaron trece navios y cuarenta aviones, mientras las rutas co- merciales aéreas y navales se desviaban atendiendo a su seguridad. El día 13, la situación del submarino parecía desesperada: cargas de profundidad suministradas por la Armada norteamericana le ponían un cerco de muerte; en la noche, cientos de bengalas iluminaban las aguas por si emergía para recargar sus baterías. El 14, de fuente oficiosa se informaba que la tripulación- -otra noticia dijo que entre ellos hablaban inglés- -rechazaba el ultimáitum con la alternativa de rendición y muerte, Sin embargo, en la angustiosa espera del sumegible se abrió un doble rayo de esperanza; dos submarinos gemelos maniobraban alrededor de la Escuadra argentina para llamar su atención, distraerla y, en último caso, contribuir a la evasión del sitiado; la proximidad de una tormenta favorecía igualmente la huida, toda vez que la mar gruesa hacía prácticamente imposible la vigilancia. Al clima de guerra en Golfo Nuevo correspondió en todo momento otro de ansiedad y nerviosismo en las esferas gubernamentales. El Presidente Arturo Frondizi, que se hallaba pasando el fin de semana a trescientos kilómetros de Buenos Aires, regresó precipitadamente a la capital; el secretario de Marina, almirante Gastón Clement, prometió un comunicado pficial cuando el submarino fuese hundido; el Ministerio de Asuntos Exteriores recibió órdenes de romper ke reki iones diplomáticas con el país al que perteneciera el submarino, en el momento mismo de conocerse su nacionalidad. Y, entre tanto, en los labios de todos los argentinos, la misma preguntat ¿de dónde viene el submarino? La pregunta sigue sin respuesta cuando esci bímos y, por ello, nos es permitido especular con una serie de hipótesis. Las relaciones entre la Patagonia y lo submarinos misteriosos son antiguas. Miles de kilómetros de costa con una vigilancia moderada permiten las más caprichosas suposiciones. Recién terminada la segunda guerra mundial se habló del desembarco de personajes de la Alemanía nazi, afirmándose que allí se refugiaba el propio Adolfo Hitler, escapado por arte de magia de la Cancillería berlinesa. Son muchos también, la fantasía popular es ilimitada, quienes sitúan en la Patagonia grandes tesoros, fabulosas fortunas, escondidas por los capitostes del Tercer Reich en espera de mejores tiempos. Todo esto pertenece al campo de la leyenda, aunque la leyenda muchas veces tiene ribetes de verosimilitud. Parece que algunos submarinos alemanes no se entregaron al término de la contienda; si esto fuese cierta, las ha. ses de dichos sumergibles bien podrían hallarse eti estos parajes donde dicen haberse encontrado depósitos de víveres para abastecer a cinco mil hombres. ¿Son, entonces, submarinos alemanes que no aceptaron la capitulación en 1945? La suposición es sumamente atrevida, aunque hay que reconocer que es atrayente por cuanto tiene de legendaria y heroica. En favor de la hipótesis obra la identificación de los submarinos con los usados por Alemania durante la guerra, exactamente los del tipo Ü 21, última serie fabricada, aunque se añade que estos mismos son los que ahora sirven en algunos países comunistas europeos. Dentro siempre de la hipótesis, pueden aventurarse otras teorías sobre la nacionalidad del stibmarino. El tiempo que permaneció inmerso, su tamaño- -los técnicos aseguraron que medía cien metros de eslora- -hizo suponer que fuese atómico, con lo que sU nacioiíalidad sólo correspondería a las potencias que exclusivamente los construyen. No parece lógico que el submarino fuese norteamericano. El hecho de que esta nación suministre las cargas de profundidad necesarias para su hundimiento anula su complicidad en la aventura. Al mismo tiempo, la decisión rotunda del Presidente Frondizi de romper las reladones diplomáticas con el país propietario del sumergible no concuerda con la visita del Presidente Eiaenhower a Bueno Aires, anunciada para los últimos días de febrero y primeros de marzo. La declaración, en fin, de las autoridades argentinas de que el submarino no pertenece a ninguna nación occidental relega totalmente su vinculación con los Estados Unidos. Esta