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LA CHELÍTO y su época Por F. SERRANO ANGUITA E N el verano de 1902, el año de la Cofonación frecuentaba yo cierta fotografía establecida en iin piso bajo de la Calle de San Bernardo, junto al palacio en que habitaba doña Emilia Pardo Bazán. El fotógrafo, Luis Aguilar, era amigo de mi padre y tenía varios hijos, con los que yo iba a jugar siempre qUe tenía un rato libre. Don Luis nos permitía montar en el triciclo dispuesto para los chicos aficionados al deporte que iban a retratarse. También utilizábamos los aros y los balones de gajos multicolores reservados a los clientes más pacíficos, y hasta un precioso caballo de cartón sobre el que emprendíamos galopes imaginarios. Y no hay que decir que el estudio se convirtió muchas veces en plaza de toros para que imitásemos a Fuentes, a Bombita Chico y a los Niños cordobeses Lagartijo y Machaquito que eran entonces los ídolos de la afición. Algunas veces bajaban a jugar con nosotros unas vecinitas del piso alto. La más pequeña, Consuelito, tenía mucha afición al baile, y era alumna de una academia donde la preparaban para dedicarse al que ya se llamaba género ínfimo Próximo el otoño, supimos que la nena iba a presentarse en un teatrülo nuevo: el París- Salón abierto en la calle de la Montera, y cuya vida fué muy efímera. Seguramente no dejó otro recuerdo que el de haber servido para que una artista novel diera sus taconazos iniciales en aquel modestísimo escenario. Las primeras fotografías de la bailarina las ihizo, como es de suponer, don Luis Aguilar, quien las expuso en sus vitrinas. En una aparecía la muchacha c? on el traje obligado para todas las cupletistas de la época: escote redondo, los brazos al aire y la falda de gasa dejando al descubierto las piernas, todavía no muy torneadas. Otro clisé nos mostraba a Cpnsuelito con mantón de Manila y sombrero ancho. La verdad es que estaba graciosa, y que nosotros la admirábamos ya, como si adivinásemos sus futuros triunfos. Y, sin embargo, el debut pasó poco menos que en silencio. Por eso lo recuerdan tan pocos, y se ha dicho que fué en Lisboa, aunque no la dejaron actuar por ser una chicuela, o eñ un salón de la calle de Atocha. Son cosas que se cuentan en las interviús; pero lo que pasó en 1902 es lo que yo refiero, y muchas veces se lo recordé a Ghelito El lector habrá supuesto ya, que la principiante del año de la Coronación era la estrella famosa cuyo resplandor se apagó para siempre aún no hace quince días. El debut de la niña fué la tímida revelación de una gran figura. EL VARIETÉS Y SUS COMIENZOS El varietés como decía un empresario que se consagró preferentemente a cultivar el género, nació en Madrid a fines del siglo XIX. Aquí no hubo hasta entonces espectáculos de tal clase. Únicamente se conocieron las actuaciones de la Nena Petrilla Cámara y otras danzarinas y tonadilleras en los fines de fiesta del teatro del Principe o del de la Cruz. Ya en 1898, empezaron a llegar de Francia las chanteuses diseuses danseuses y gommeuses que pronto encontraron felices imitadoras entre las mujeres de nuestra tierra. Yo era un (íhavalete, y sólo a escondidas y exponiéndome a graves reprensiones paternas podía ir al vetusto Barbieri, de la calle de la Primavera, para ver a Augusta Bergés, una belga pintada de rubio y con lunares postizos, cazarse pulgas atrevidísimas y entonar, con un delicioso chapurreo francoespañol: Gggápida salta y se esconde, y se ha metido io no sé donde... Ella fué la primera cupletista que adquirió fama en nuestra ciudad. En seguida se difundió la moda,