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MUJERES CELEBRES pop el polvo. Recibe una profunda sei 1 saol 6 n de i r r e a l i dad que la hace detenerse unos instantes paralizada, q u i zá, por un presentimiento. Una pausa inesperada se produce en el combate. D i s curren unos segundos sordos, callados, que a muchacha aprovecha para correr y conseguir la hoja que el soldado reclama. Vuelve pisando la tierra reseca, ias piedras m a chacadas. Delante de sus ojos se abre un surtidor de polvo, de metralla, de muerte. Luisa T e r r y cae para no levantarse más. Dominando sus atroces dolores con una patética sonrisa, morirá una semana después, en el Hospital de G r i ñón. Generosa hasta lo último, lega su pequeña fortuna a las obras sociales de la Sección Femenina. Irene. i. arios y Carmen García del salto. Jefes de los sérvictos de Lavaderos y Enfermerías del Prente, de la Sección Femenina, trasladan su cuerpo a Puerto Real. Luisa T e r r y no verá ya los cuatrfl patlds- Jardines de su béüa casa, donde crecen el naranja, lOs Jazmines y la dam. 2 de noche. No verá tampoco la bahía de Cádiz, hermosa y quieta, ni et mar, que tanto ie gustaba. La Delegada Nacional de la Sección Femenina le concede la y de oro Individual, la máxima recompensa, y en el Museo del Ejército d e M a d r i d en 1 á sala dedicada a. los héroes de nuestra guerra de liberación, la miniatura de Luisa T e r r y gaditana, figura en un puesto de honor. LUISA TERRY DE LA VECA LUISA TERRY DE LA VEGA, MUERTA EN SESEÑA El 2 3 de septiembre de 1 9 3 7 el pueblo de SeSeña no era ya sino un montón de piedras calcinadas. La pequeña villa, situada entre Madrid y Aranjuez, Importante nudo de csmunicaciones ferroviarias, había sido literalmente machacada por la aviación y la artillería enemigas. B o m bas y obuseS caían ininterrumpidamente, abriendo s u r t i dores de metralla, sin abatir el ánimo de sus defensores que continuaban resistiendo. El puesto de socorro, confiado a una enfermera de la Sección Femenina de Cádiz, Luisa T e r r y de la Vega, camisa vieja de Puerto Real, funcionaba sin descanso. Los heridos, tan graves que no habían podido ser evacuados, estaban al cuidado de Luisa, que seguía sola en su puesto curando, acompa- ñando, consolando. T e n í a las hianos encallecidas por ios trabajos más d u ros. Había lavado ias ropas, fregado los suelos, limpiado los utensilios de todas clases, sin perder su sonrisa, a pesar de que una pena muy honda le roía el alma. Su novio- -Eustaquio Avila y Tay or, angloandaluz como e l l a- -había muerto en i frente, luchando por España en la columna de Manolo Mora Figueroa. Este 23 de septiembre el calor parece una lluvia de fuego. Sofoca el aire que se respira. El combate no cesa y el puesto de socorro, entre ruinas, recibe el trepidar incesante de la batalla. Luisa va de un herido a otro h e rido, con su bata blanca milagrosamente fresca, produciendo con su sola presencia un jnfinito consuelo. Uno de ioS agonizantes le suplica que le traiga un t r o zo de papel. Quiere trazar unas líneas, antes de morir. Es un deseo al que Luisa no puede negarse, aunque para cumplirlo tenga que cruzar un camino batido por la a r t i llería. No vaoila y sale fuera del puesto de socorro. U n a geografía lunar se le echa a la cara. No queda una sola casa en pie y la violencia del combate es tanta, la destrucción de Seseña tan absoluta, que, cuándo años más tarde, ya en plena paz, el pueblo se alce de nuevo, habrá de ser trasladado a un emplazamiento alejado. Luisa contempla ei extraña espectáculo que la rodea. El suelo removido hasta las entrañas, el aire enturbiado JOSEFINA DIEZ Y LASSALETA, DEPOSITARÍA DE UNA ARTESANÍA SECULAR He aquí, un nuevo ejemplo de mujer gaditana, que representa un conjunto de señorío, valor y talento. Hija del oficial de la Marina de Guerra José Luis Dfer, cuyo nombre navega por los mares del mundo al costado de un destructor de nuestra Escuadra, Josefina quedó huérfana de un padre Jovencisimo y ya famoso por su preparación en los temas eléctricos. En la primera Exposición universal sobre esta materia, celebrada en Viena en 1 8 8 3 España tuvo el acierto de enviar como representante suyo al capitán de Navio José Luis Diez, que sorprendió 3 los congresistas por sus conocimientos en ei tema dedicado a los acumuladores. Nombrado secretario del Jurado de la Exposición, Edison, el genio, quiso llevárselo consigo. Ei oficial rechazó tan t e n t a dora oferta, ya que hubiera significado abandonar su carrera de marino. Volvió a la Patria. En su casa de Puerto Real, el ingeniero de la Armada Isaac Peral, í n timo amigo suyo, le confió su propósito de realizar lo que más tarde sería el submarino de su nombre. José Luís Diez ie aconsejó que incorporara a su teoría la realidad de ios nuevos descubrimientos eléctricos. Aceptó Peral ia sugerencia de Diez y comenzaron a t r a b a j a r Juntos. Fruto de tan Interesante colaboración f u é el submarino Peral. José Luis Diez murió unos meses antes de su botadura, a los treinta y seis años. Fué enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de dan Fernando, y su lápida Justifica tan alto honor en esta frase escueta: P o r su saber. I Muy aficionada a la estética, verdadera experta en la materia, decidió abrir una tienda de objetos de arte. Eran los tiempos de la Monarquía, y 8 u Majestad la Reina doña Victoria Eugenia y ias Infanitltas fueron sus más fervientes clientes. Josefina atendía personalmente su negocio, causando la sorpresa y también la admiración secreta de sus contemporáneas, que ocultaban como una vergüenza el hecho de tener que trabajar, i n n u m e-