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CRITICA LITERARIA ENTRE LA IMAGINACIÓN Y LA HISTORIA Alejandro Núñez Alonso: El Hombre de Damasco Editorial Planeta, Barcelona, 1958. 957 páginas. I IB ROS E S P A íi O L E S tral relato nos lleva, idéntica proximidad humana y el mismo aire de la calle que en cualquier novela de nuestros días, y más acaso que en algunas cuya acción transcurre aparentemente a nuestro lado: Carama, Pompeya, Alejandría. Damasco, Antioquía, Olimpia, Susa, todo el abigarrado mundo del siglo I de nuestra Era, están- menos lejos en realidad- r- en esa realidad o sobrerrealidad que toda verdadera novela es qué los personajes de Paúl Bourget, para tgmar un término de contraste bien cercano a nosotros todavía en el orden del tiempo. Contribuye, sin duda, a eso el rastro vivo, la inflexión de ternura, la suave táfaga humana que la vecindad evangélica imprime en las páginas de El Hombre de Damasco y, generalmente, en las más significativas y mejores. Y annque sería equívoco, y probablemente exagerado, hablar en este caso da novela religiosa mejor que de narración histórica, el hecho es que su lectura nos acerca también, con muy inmediata emoción, y de manera más transparente, simple y natural que las Figuras de la Pasión del Señor mironianas, a las primeras horas de la cristiandad, a pesar de la fuerte sensualidad pagana que impregna muchos de los capítulos de esta libre y revividóra novela, Pero- Alejandro Núñez Alonso que domina, con increíble habilidad de tejedor, los hilos de su vasto tapiz, nos cuenta la historia de Benasur de Judea como si fuera la nuestra propia, y de ahí su fuerza, su actualidad perenne, su interés hondo, y que no se ac. iba, por eso, al volver la última de estas novecientas cincuenta y siete páginas, sino que continúa más allá de su trama misma, a l contrario de lo que sucede en las n o v e l a s de aventuras, históricas o no. Leopoldo PANERO W 4 UNQUE Tiada más fuera que por ayudarnos a salir del absorbente clima realista, prevalente hoy en nuestra novela, y por poner una nota de variedad y de aventura en su cerrado horizonte, la compresa iniciada por Alejandro Núñez Alonso con El lazo de púrpura que le valió en su día el Premio Nacional de Literatura, y continuada luego por E 3 hombre de Damasco y El Denario de Plata merecería gratitud y ateación. A L E J A N D R O N U K E Z ALONSO aunque aquí careciéramos de personalidades fuertes (un Huxley, por ejemplo) capaces de asumir o sustanciar, de manera importante y representativa, el nivel estético de aquella hora. Alejandro Núñez Alonso reacciona también ahora, aunque por otra vía, contra ese confinamiento excesivo en que la novela española se encuentra hoy, si bien es verdad que dentro de esta última etapa, tan rica en obras como sobresaliente en personaJidades, nuestros jóvenes novelistas se han asomado, por vez iprimera quizá desde hace sifílos, al ancho mundo contemporáneo, y conseguido un prestigio y una vigencia que hasta hace poco les faltaba, incluyendo, entre tanto, los nombres de Galdós y de Baroja. La novela histórica, grandiosamente concebida por Núñez Alonso, es una creación suya y rigurosamente modern a no es una vuelta atrás, quiero decir, n i un flaubertiano retorno arqueológico a mundos como el de Salambó ni un puro divertimiento de la fantasía, sino que está toda ella pensada, sentida y escrita desdé hoy mismo, cou fresca sensibilidad actual, cómo sí el género acabara de ser inventado por él, con agilidad de reportaje vivo, presencial y directo, y con acento imaginativo o artístico rigurosamente moderno también. Corre ciertamente por todas las páginas de esta novela de Núñez Alonso, a pesar de la lejanía a que su magis- RELIGIÓN Y EXOTISMO Este J a p ó n i n c r e í b l e p o r P e d r o A r r a p e S. J E l S i g l o d e l a s Misiones. 363 págS; Bilbao, 1959. E aquí u n libro de memorias escrito c o n sincera y c o m u n i cativa emotividad. Es la h i s t o ria de una vocación misionera prof u n d a m e n t e sentida por e l autor. Asistimos a su despertar, a su d e s arrollo, y vemos germinar y frúcti: ficar la semilla a la mayor g- loría de Dios. A c o m p a ñ a m o s a Pedro Arrupe e n Hace pocos días, nos avisaba Guillermo de Torres, desde las piginas de ínsula en réplica a determinadas afirmaciones de Goytisolo, sobre los peligros de este reencuentro dé la novela española actual con el realismo, que es la más tradicional de sus vetas, ¡por reacción, sin duda, contra la novela artística, y más o meitos deshumanizada, de los años veinte o treinta, que Gi de Torre defiende y reivindica en la medida de sus logros, pero subrayando sobre todo lo que aquel movimiento tenía de renovador y original, y como voluntad, de arte y de estilo, H