Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
a malos modos y rivalidades tan enconadas como absurdas; los hay también que viajan sin pena rá gloria ante la indiferencia de los públicos ajenos, y, finalmente, no faltan los que en todas partes promue, ven un movimiento de simpatía en torno a si. Pues uno de estos últimos es el Betis, que raro será el campo espafiol donde no cuente con im núcleo, por reducido que sea, de admiradores y simpatizantes. ¿A qué puede ser ello debido? ¡Quién puede saberlo! De lo que aao cabe duda es de que la Wstoi ia deportiva del club le hace acreedor a esa distinción. TERRENOS E JUEGO Y UNIFORME lia camisola de listas verticales blancas y verdes con que conocemos al Betis la vistió ya, casi en la prehistoria del club, el Sevilla Balompié. El primitivo uniforme fué- -por poco tiempo- -azul, hasta que imo de los fimdadores, Ramos Asensio, qiue vivió una temiporada en Escocia y juigó allá en un equipo que vestía los colores blanco y verde, trajo a su regreso las camisetas, que fueron acejptadas por sus consocios como muevo uniforme. Lo. que no podía pensar entonces Ramos Asensio es que su capricho indumentario llegaría con el tiempo a convertirse en histórico pormenor de la vida bética. Si nómada ha sido la vida deportiva del Betis a través de las competiciones nacionales, no ha sido menos nómada el club en el uso de terrenos de juego, aunque sus desplazamientos- -ssis campos diferentes- -se han realizado todos en una reducida zona próxima al famoso Parque de María Luisa. Desde los primeros encuentros, el Sevilla Balompié estuvo aposentado hasta 1910 en un terreno inmediato a las tapias del famoso parque sevillamo, del que pasó transitoriamente a otro muy próximo, situado frente al ouiartel de Ingenieros. Pasó a ocupar después una zona del llamado Prado de San Sebastián, donde logró tener su primer recinto cercado, aunque con un rudimentario vallado, y lo que era más importante para la vida del club: su primera taquilla. En 1917 camWó a otra zona del mismo Prado de San Sebastián, más alejada del c sco urbano, y en 1919 pasó al final del barrio del Porvenir, al que fué conocido en las crónicas llgueras de los años anteriores a 1936 como campo del Patronato. Coincidiendo con la iniciación del Movimiento Nacional, el 16 de julio de 1936 se firmaba el arrendanüeinto del estadio de HeliópoMs, que tenía entonces capacidad para El jugador Del Sol, internacional, capitán del Betis y uno de sus mis firmes puntales. mera Divislán en la temporada 194243, y vive a continuación su definitivo hundimlenito, hasta caer en la Tercera. Mutíhos aficionados, ainite tan desdichados acontecimientos, darían ya al Betis por definitivamente alejado de la compañía de los grandes del fútbol esipañol; pero no fueroa de esa opinión los empecinados seguidores del equipo blanquiverde, que, con sano humor y resignada conformidad, dispuestos a proclamar su solidaridad con el club en todos los avatares, inventaron aquel famoso slogan ¡Viva er Beti manque pierda! cuyas cinco palabras encierran bajo su apariencia eutrapélica y paradójica toda una lección de fidelidad y asistencia ai club en las más adversas circunstancias. Los fieles seguidores que supieron disfrazar bajo el ipintoresco mote la pesadumbre de las horas amargas, han tenido ahora, precisamente en este año de las bodas de oro, la inmensa alegría del triunfo completo: del retomo al grupo de los grandes; de un retomo con todos los honores, puesto QUe imediada la competición ven a su equipo encaramado en uno de los ¡primeros puesitos. Y- -lo que es más satisfactorio aún- -esa alegría de estas horas propicias es compartida por muchos aficionados en toda España; porque el Betis es uno de los equipos españoles cuya presencia fuera de su ciudad y de su región suscita más simpatías. Así como hay clubs cuyo paso provoca hostilidad, hiere susceptibilidades, motiva rencillas y da lugar El entrenador, Antonio Barrios, que acompañó el año pasado al equipo en el ascenso, y le ha llevado esta temporada a los primeros puestos de la clasificación.