Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
liiililMIliMiiliiifcí; WB ñ o s Jt. iiA- iom LA VIDA INTERRÜMPIBA Concha Castroviejo: Los que se fueron Ediíorial Planeta. Barcelona, 1957; 274 págs. AS novelas ins T lL X p i r a d a s e n aií s f n u e s t r a guerra y escritas por a u t o res españoles, con A r t u r o Barca y José María Girone 11 a a la cabeza, h a bían dejado intacto hasta ahora el do, toroso t e m a de la dispersión en el exilio en masa de los vencidos: sus vidas rotas, sus azarosos e improvisados destinos, su drarna colectivo, Concha Castroviejo lo aborda por vez primera, que yo sepa, siguiendo ese patético éxodo desde su arranque mismo desde la j a y a inverniza de los Pirineos y los campos de concentración del Sur de Francia en 1939 hasta los apartados rincones de la ciudad o de la selva americana, donde el tiempo va empujando implacablemente a los protagonistas de su narración, ya al borde de nuestros propios días. Porque el verdadero protagonisl; a de esta obra es el tiempo. Por eso los primeros capítulos, literariamente indecisos entre la crónica y la novela, tienen más valor documental que propiamente artístico, y por eso los caracteres, que al principio se nos presentan más bien desdibujados y sin ese último acento personal o moral que es indispensable a los auténticos entes de ficción, van enriqueciendo sus almas al sedimentar sus experiencias, y sólo al final de la novela cobran un perfil enérgico e inconrundible. Precisamente al final, cuando han decidido regresar a España, y la muerte, de pronto, se lo impide. Pero tanto lo que tiene do crónica en España y Francia como lo que luego tiene, en América, de narración novelesca genuína, rezuma en la limpia palabra de Concha Castroviejo el liumano sabor do la verdad y el temple de las cosas vividas, o poéticamente transvividas, que es lo mismo, porque la imaginación en eso consiste; Los hijos nacen de un misterio... De las noches de amor que nadie ha vivido, de las palabras que nadie pudo pronunciar... Nacen del viento o de los sueños, de un ángel o de un demonio... Son un misterio y vienen de un misterio... Pero cuando una mujer ha parido un hijo no se acuerda ya de ningún hombre. El lenguaje de Concha Castroviejo tiene siempre ese tono: ni alto ni bajo, recio y delicado a la vez, con música de dentro en las palabras, con lenta y reprimida emoción a lo largo de todas sus páginas. Los personajes que por ellas desfilan conservan a lo largo de veinte años el mismo gesto atónito y desamparado de los capítulos iniciales: ninguno de ellos acepta su destino ni vive como propia, como definitivamente propia, su desgarrada situación histórica, al contrario de lo que siente, en neto y iiumano contrapunto novelesco, el gachupín Antolín Diz o el alemán Von Spingler, desterrado en Méjico desde la primera guerra mundial, pero que ha renunciado ya voluntariamente a su patria primera, aunque mantenga vivo a través del tiempo su íntimo ideal y su incorruptible amor lejano. Pero, como él lo dirá, la tierra es la fuerza que nos liga a un país y atado por esa misteriosa fuerza se abraza a su destino americano y abandona ese ser y no ser, ese estar y no estar, que es el drama del exilio sin desarraigo tan noble y vigorosamente trazado por Concha Castroviejo en esta hermosa y desolada narración. LEOPOLDO PANERO L USítOS XTRANJ iíqS JUVENTUD, DÍFICBL TESOKO... Pierre Gasear: L Jlerbe Rúes Gailimard. París. des UGUAGHOS, adolescentes de n u e s t r a época, en años r e lativamente distantes, son los actores de estas escenas, que transcurren en París desde 1933 a 1939, se i n t e r r u m pen durante la g u e r r a y continúan después con otros problemas, o con los mismos problemas agudizados y crecidos en coníusión. A pesar de ¡o problemático, de lo angustioso que ciñe estas vidas juveniles, un tono levemente esperanzado, romántico, p r e side los sucesos contados con una p e netración compasiva y tierna. No aparecen mujeres en este conjunto. Si salen es en segundo tcrm. ino, y aunque su papel sea- -cómo no- -importante, es como si hablaran desde lejos, entre bastidores, o contadas por protagonistas varones. La moderna novela francesa cuenta con varias muestras de esta interpretación de la difícil edad en que el mundo todavía no aparece a las claras en la sensibilidad del hombre. Entre estas novelas, que hace recordar- -n o por parecido, sino por igualdad de ambiente- -el libro de Pierre Gasear están L Ordre, de Marcel Arland, y h Inquiete Aclolescence, de Louis Chadourne. Sin olvidar la primera parte, desesperada, de Reveuse Bourgeoisie, una de las últimas novelas doloridas del trágico Drieu La Rochelíe. Lo más interesante, a primera vista, de este relato, es la comparación que pueda establecerse entre sus personajes y los de las novelas antes citadas. Pocos años han corrido entre unos y otros. El protagonista de la novela de Marcel Arland, el inolvidable Gilbert, es un producto de las angustias de la primera guerra grande. Los herma- nos de Pieveuse Bourgeoisie, en los que la agonía es un anticipo del drama que había de terminar con la segunda guerra y con la vida de Drieu, son quizás más dramáticos que los de Gasear. Pero en éstos los problemas tienen un aspecto esencial de mayormente insolubles. Su esperanza- -o la del autor- -está latente dentro de las mayores pruebas. Es una esperanza diluida, vaga, inconsistente, pero algo esperan. No saben qué. Han entrado en la época de la paz caliente o de la guerra fría, después de haber experimentado el dolor de la guerra verdadera, cuando la esperanza parecía para siempre apartada de los hombres. El entusiasmo de la vida combativa ha mantenido esa débil, deleznable esperanza, que se encuentra, cuando todo parece anunciar un paraíso recobrado, con que las amenazas subsisten y la división entre hombre y hombre se mantiene. Los muchachos de antes de la g u e r r a de la extraña drole de g u e r r e que padecieron, entre indignación y desaliento, entre lo triste y lo irrisorio) ya se hallan en un medio que no anuncia, sino decepción y cansancio. Después de esa guerra, ¿qué novedad pueden esperar? Hay dos tendencias extremas para juzgar a estas generaciones que nacen a la plenitud en épocas de desprecio. Ambas, probablemente, equivocadas por extremosas. Algunos creen que estas tragedias universales imprim en un carácter definitivo al. hombre, y que en nada se puede parecer un joven de la generación actual a los que fueron mozos hace cincuenta años. Otros juzgan que nada ha pasado, que el hom. bre sigue siendo siempre el mism. o, indiferente a las circunstancias históricas que le rodean. En otras palabras: que no existe el escarmiento. En este libro de Gasear podemos ver que ambas corrientes, aimque contradictorias, se juntan en la juventud. Al desaliento, a ia angustia, que indudablemente constituyen una carga definitiva, se une siempre ese consolador, engañoso a veces y a veces eficaz, sentido de que la vida continúa con sus triunfos y dolores. José María SOüVIRON