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W s La opereta ¡No, no, N a n e t t e! ha llegado al frío Estocolmo. En el teatro Osear, de la capital sueca, actúa una c o m pañía cuyas principales actrices son las que aparecen en la fotografía: Jessie Flaws, Blrgitta Andersson, Helena Fornell, Tilly Stephan y María Ahlstedt. (Foto Torrenaocha. NOTA DE ACTUALIDAD LIBERTE ESCASA lo fusilaron, casi, casi ¡tor un estado de necesidad nacional Hace algún tiempo La reina de Cesárea se estrenó en Suiza, país eminentemente liberal. Los críticos juzgaron la obra de: teatro como lo que era, no como un manifiesto político. En el Teatro de las Artes, de París, la actriz Alicia Cocea se decidió a montar la pieza, cuyo tema nada tiene que ver con la política. Al anunciarse el estreno, las organizaciones izquierdistas gestionaron que se prohibiesen las representaciones. La autoridad no podía hacerlo. La primera función transcurrió sin incidentes, y a ella asistieron destacadas personalidades. Los incidentes estallaron en fechas posteriores, provocados por medio centenar de manifestantes. Dentro de la sala se produjeron violencias. Finalmente, el Prefecto de Policía decidió que L A obra de Roberto Brasülach La reina de Cesaren tuvo que ser prohibida en París. En esta ocasión, los partidarios de la libertad de expresión y pensamiento no creyeron oportuno aplicar la teoría a un magnifico escritor, cuyas opiniones le llevaron al paredón hace ya doce años. Brasilhich fué discípulo de Maurras. Su semanario Je suis partout trató, durante los años de Ui ocupación, de sembrar la idea de un acercamiento francoalemán. Estaba convencido de que ése era el mejor camino para Francia. Pero Alemania fué derrotada, y las ideas de Brasillach perdieron también la guerra. Al escritor le hubiera sido relativamente fácil hallar la fórmula oportunista ante sus jueces, pero no quiso hacerlo. Se mantuvo firme en su postura. Y no podÍ 4i seguir representándole L t reina de Cesárea con personajes creados por Hacine, y un tema de tragedia clásica. El Consejo municipal de París -cuyo vicepresidente Robert Castille recibió un puñetazo en el rostro, durante los incidentes, por ser partidario de la representación- -acordó pedir al Prefecto que suspendiese las funciones. El Consejo Municipal manifestó su opinión de que era inadmisible que un teatro pueda poner en cartel una pieza cuyo autor fué condenado y ejecutado por inteligencia con el enemigo Se adhirieron a ese curioso punto de vista (nada teatral) 48 consejeros; votaron en contra 12, y otros 12 se abstuvieron prudentemente. M. Robert Castille dijo las palabras justas: Dentro de cien años estas manifestaciones habrán sido olvidadas, pero se seguirá leyendo al poeta asesinado M. Robert Castille sería probahlemente, mejor critico teatral que otros varios de los que no se atrevieron a ejercer plenamente sus funciones en el caso Brasíllach