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El Ballet Nacional ole Israel ha comenzado una temporada en el Teatro Dury L. ane, de Londres. Esta dinámica escena corresponde L a reina de S a b a cuyos principales papeles son bailados por IWargalith Oved (izquierda) y Meír Ovadia y Moshe Levy. El Estado de Israel se esfuerza, desde su constitución, por llevar a otros países m u e s t r a s de su arte- (Foto Keystone- Nemes. HA L L E G A D O Por DON PREGO JUAN ADOLFO S E anuncia en el Teatro Español nn Don Juan Tenorio de estilo romántico, o sea, llevadlo a la escena con el mayor respeto posible al espíritu del momento en que la obra fué escrita. En años recientes se hicieron algunos intentos para infundir cierta novedad en las representaciones, acaso poique la tradicional reaparición de Don Juan en los tablados empezase a perder aquel prestigio que tuvo en otro tiempo. El más notable de dichos experimentos fué el que tuvo como colaborador a Dalí, Hacer un Don Juan romántico, sup o n e- a p a r t e de lo que aporten decoradores y figurinistas- restablecer en todos sus efectos la declamación galopante, oratoria que el verso de Zorrilla exige, y sin la cual el drama fantástico- religioso pierde buena parte de su genuino carácter. En Don Juan hay un mito de proporciones universales, ero no hay caracteres ni nada que se le parezca. Lo que los personajes dicen es pura música y está pensado como ona canción. Para completar la rsstauracióa que se quiere efectuar, no esta- ría mal que se incluyesen en el texto los parlamentos que desde hace muchísimos años fueron suprimidos. En cualquier caso, aunque esto no se estime conveniente, por razones de duración de las represfntaciones y por considsraciones de lo que hoy es eficaz teatralmente, siempre tendremos ocasión d, ver l a b r a con ia salsa que I? corresponde. No existe en todo el teatro español ninguna obra que haya alcanüado la popularidad del Don Jrian cuya leatralidad es evidente. Como drama, ya se salle que resulta débil, no por su esquema ideológico, sino por la abundancia y vacuidad de lo efector. verbales. y son preci. samente ésto! -ios que han arrastrado a las masas populares. Por un movimiento de reacción muy explicable, el Don Juan ha suscitado muchos chistes y parodias, y no es infrecuente que los actores modernos, al re itar sus tiradas de versos, dejen ver como un acento humorístico, algo que quiere decir poco más o menos, que no toman absolutamente en serio sus pa- peles, que están al cabo de la calle, y que salen al escenario para cumplir una costumbre. La literatura acumulada sobre el mito de Don Juan no ha logrado rectificar en una línea la idea pública de ese personaje. Un don juan es en España el caballero que hace perder la continencia a las damas. Nadie llama don juan al hombre que se arrepiente de sus pecados y se salva. Lo que ha quedado flotando sobre el país desde que a mediados de siglo pasado surgió la figura literaria del Tenorio es su relato de las calaveradas, es también su decisión de recurrir a la pistola y la espada cuando algiin obstáculo se le pone delante. Los diálogos del drama de Zorrilla no soportan un recitado moderno. Han de ser dichos con estilo levantado, elocuen- te, inspirando mucho aire, como si se tratase de suscitar en los espectadores e (afán heroico. Uno no podrá considerar nunca el Tenorio como una pieza teatral maestra, a pesar de su desenlace, ni a pesar de su resistencia al tiempo. Pero no deja de comprender que tiene sabor de época. Ese sabor, muy diluido en las versiones que tratan de modernizar lo que no puede ser modernizado más que a titulo de curiosidad, es el que quizá encontremos en Jos días próximos.