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LO DEL TEATRO ESPAÑOL NTES del tien; po legal, esto es, apenas iniciada la primavera, el Ayuntamiento de Madrid anula la concesión que del teatro Español se había hecho en favor de los eminentes actores Enrique Borras y Ricardo Calvo. Desde el 5 de abrii próximo habrá en el que debiera ser sede y templo del arte dramático nacional A sido la política, con su pasión, su aire vengativo, sus rencores y sus represalias, la que ha enturbiado y revuelto las limpias y mansas aguas en que debiera navegar nuestro primer teatro de verso, y nos place dejar si- ntado, ante todo, que no por eso eniendeiiios que los artistas no hr yan de tener ideas políticas ni puedan enrolarse en un partido. Si el hombre es un animal político, no hay razón para exigirle al cómico que sea un animal a secas. Lo que importa es que sus ideas políticas no trasciendan a su arte; que mientras cumpla sus funciones de irtista no quiera extraer de ellas otra utilidad que no se relacione con su arte, y como en verdad así suele ocurrir, porque el actor que interpreta el Hamlet, por ejemplo, sólo puede, mientras repite la letra de Shakes eare, hacerlo bien o mal, pero no venir a ningún otro fin, lo que más interesa es que los directores de teatro, los críticos y el público juzguen al artista como tal artista, sin mezclar en sus juicios la simpatía personal y sin poner en entredicho, en una especie de índice, al artista que es de izquierdas cuando mandan las derechas y al conservador cuando gobiernan los zurdos. Porque fuera del teatro tiene cada cómico ANTONIO VICO nuevos concesionarios o, por decirlo con más propiedad, nuevos arrendatarios, aunque no parezcan tales porque no paguen arriendo, y lo serán, con un sinnúmero de obligaciones que justifican este título de inquilinos que les doy, víctimas de las tiranías de un casero que cobra en dificultades imposibles de vencer, artística y económicamente, lo que no cobra en dinero, sólo por dos meses, hasta el 15 de junio, y vendrán después otros, desde esa fecha hasta el 15 de octubre, para llenar otro ciclo, el más difícil de todos, que es el de la temporada de verano. Todo ello, por la importancia del asunto, por su actualidad y por lo absurdo de las últimas disposiciones, que no pueden pasarse en silencio, nos obliga a hablar con cierta extensión del teatro Español, pensando que la calidad artística del tema habrá de justificar que se lleve a una revista literaria una cuestión que pudiera tratarse mejor con el tono polémico de los periódicos diarios. Aquí no se discute; se exponen hechos aquí no se hace política, precisamente porque estamos convencidos de que ha R. FAEL C. LVO