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la ansa antiaérea en Varsovia y Bel gicci y las sanciones Por WALTER PURANTY BSERVE usted- -nos dice el oficial po- guió mientras la ciudad estaba i sometida al laco que nos conduce- Observe y ejército teutón. En Amberes se recoge 1 a comprenderá usted por qué hemos impresión- tipo de lo qué piensa y siente el concertado el pacto con Alemania y por qué publico europeo; el público medio, que nO: invertimos en los gastos militares tanto di- tiene ni odios profundos ni ambicio. ne! 5 des- nero que necesitamos para la construcción medidas, y no quiere Otra cosa sino que sé económica del pafs. le deje en paz. La alegre capital de Polonia, que cinco Es por eso interesante comprobar la imminutos antes estuvo inundada de luz y de presión producida en Amberes por las san- automóviles a ¡a salida de los teatros, des- clones decretadas en Ginebra contr. a Italia, apareció súbitamente en la obscuridad más a instancias- -y muchos dicen en provecho- completa y en el silencio más sepulcral, in- éxclusivor- -de. Inglaterra. Uno. de los diario? terrumpido solamente por el ruido de los más importantes condensa esa impresión en, motores d los aeroplanos que se adivinaban el título de un editorial. Pero tenernos que- en el cielo. Se había dispuesto llevar a cabo vivir Él. articulista explica que el inter aquella noche un ensayo de defensa an- cambio ítalo- belga es un factor primordial en tiaérea, por el estilo de los que se efectúan la economía del país, y que si ese interfrecuentemente en diversas ciudades de Eu- cambio se extingue. Bélgica padecerá gran- ropa, diecisiete años después de la guerra demente en estos momentos de gran paro que iba a acabar con las guerras obrero y de tantas fábricas cerradas por Llegada la diora cero lanzan las énor- falta de trabajo. ¿Y quién compensará, a mes sirenas su apocalíptico alarido, para Bélgica estas pérdidas? Desde este punto de- anunciar la presencia de los aviones enertii- vista, dice el editorial, las sanciones decre, gos; en un plazo de cinco minutos deben es- tadas por Ginebra han de ser lamentadas, tar apagadas todas las luces de la ciudad, ya que añaden una barrera más a las numerosas restricciones, cuotas, contingentes bajo- pena de multas considerables. Tal es la Europa de hoy, qué vive eh el y embargos monetarios existentes. continuo temor de verse reducida a cenizas Bélgica, como tantos, otros países, no. tieun día no muy lejano. La sombra de la gue- ne mayor confianza en la Sociedad de Narra se extiende de un confín al otro del con- ciones; sabe que las sanciones son obra de los ingleses y que ella sufrirá grandes quetinente. brantos; sin- embargo, las sanciones, se dice, En Varsovia, Bruselas, Berlín, París, son un abstáculo en el camino de la carreAmberes, pueden verse á todas horas del ra, o tal vez sean precisamente lo contrario, día grupos de personas que leen en las pi- pero, en la duda, el país, deseoso de evitar zarras de los periódicos las últimas noticias la contienda, se ase a las sánciories como un de África, Si alguien se mezcla con la mul- náufrago a un madero. titud y escucha sus comentarios, verá que en todas partes se leen con desinterés los Lo mismo puede decirse de los otros paípartes oficiales de Roma, y con la más com- ses de Europa. Nadie tiene fe en la Sociepleta incredulidad los de Addis, Abeba, con- dad de Naciones, pero, en la desesperación siderados como cuentos de las mil y una no- del momento, se. aferran todos al fantasma ches, con sus centenares de miles de gue- de Ginebra como si fuera la última tatila rreros mandados por jefes con nombres im- de salvación Y sin embargo, como dice el pronunciables. diario belga, hay que vivir es decir, desBélgica es un ejemplo elocuente. Ambe- atender el criterio anglofilo sancionado por res, en mayor grado aún que Bruselas, es Ginebraj la verdadera capital del país, su centro co- La fecha en que estallarán las hostilida- mercial más importante y su gran puerto. des, dónde y en qué forma, son otros tantos Amberes es una ciudad cosmopolita en el misterios; -pero ni los estadistas europeos ni imás lato sentido de la palabra. La ciudad el habitante, medio, dudan de la posibilidad vive del intercambio internacional y del li- del estallido ni creen que pueda ser evitadobre paso de mercancías con destino a otras Todo lo que esperan es que, reforzando sus naciones; empero, nó ha olvidado las no- armamentos, podrán escapar a los peores pe. ches de hace veinte años, cuando los; geppe- ligros de la guerra; la invasión, por, ejemlines pasaban en medio de la obscuridad, plo, y la destrucción de sus hogares y sus lanzando sus bombas, a cuyas explosiones fábricas. Y con eso y todo, el peligro aéreo hacían eco los estampidos de los cañones se cierne por sobre las ciudades y las enalemanes de sitio. Nadie ha olvidado el lar- vuelve en el manto del terror. -Walier Dugo período de postración económica que si- ranty. O