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Cómo se plantea un problema económico en Francia Por RAYMOND PATENOTFE E XISTE en el fondo de la crisis francesa una incomprensión de los tiempos nuevos que vivimos, así como una mala inteligencia con relación a los remedios que proponemos. Procede ese error de la ignorancia, sobre todo, de ese fenómeno, esencial, sin embargo, que llamamos derrumbamiento de los precios mundiales; derrumbamiento que ha alcanzado en poco más de cinco años el SO por lOO. De suerte que Francia, que no puede sostener una posición falsa con relación al extranjero, tienen que reducir sus precios interiores en un 50 por 100 en oro, en comparación con los de 1929. Desgraciadamente, al tratar de obteiier ese resultado por la deflación, y solamente por la deflación, expónese fatalmente a aplastar su economía nacional bajo un peso de cargas fijas, deudas privadas y públicas, prácticamente el doble de lo que era en 1930. Porque este peso representaría, en valor de mercancías, un importe dos veces mayor que hace seis años. De ahí que hayamos preconizado siempre la inconveniencia de bajar los precios en Francia más allá de un 10 o un IS por ICO, como máximun, con relación a 193O, a fin de no abrumar al comercio, la agricultura y la industria con el peso de la contribución tan excesiva que sería prácticamente imposible su aplicación. Francia -asistimos a un desmayo magnífico de la actividad de los negocios, en beneficio de todos, con, detrimento de nadie, puesto que ¿cuántas veces habré de repetirlo? el coste de la vida en esos países sigue estando muy por debajo de lo que era antes de la crisis. Por tanto, ningún perjuicio para los rentistas, que pueden comprar hoy, con el mismo dinero que hace cinco años, más cantidad de mercancías. Hasta aquí, lo concerniente al error. Veamos ahora de donde procede la incomprensión. Pocas personas se dan cuenta de la importancia de la gran revolución. económica que se ha producido en el mundo desde que la ciencia y el maquinismo hicieron saltar los límites de la producción. En efecto, mientras ésta fué limitada, todo desarrollo del consumo era ficticio, ya que no utóp ico, y exponía inmediatamente a los pueblos a una aventura de carácter más o menos inflacionista. Mientras que ahora, al desaparecer prácticamente Ios límites de la producción, corresponde al Estado hacer saltar los del consumo, como se hizo saltar los otros. En adelante, la organización científica del consumo entra en el terreno de las realidades; en adelante, la extensión del poder adqiiisitivo no podrá superar la capacidad de producción, y el espectro del alza de los precios no seguirá asediando nuestra imaginación, puesto que, sobre el plano comercial, Por consiguiente, para realizar esa doble la demanda no excederá nunca de la oferta finalidad, de reducir, en oro, un 50 por 100 virtual. nuestros precios, con relación a 1930, sin hacerlos bajar más de un 10 o un 15 por 100 Estos son, a grandes rasgos, l s elementos en la moneda nacional, no existe más que un principales del problema económico, tal come remedio, único y exclusivo: la desvaloriza- se plantea en la realidad. Tan pronto como ción. Tan evidente es esto, que es muy fácil Francia se haya dado cuenta f) erfeüa del extrañarse de la sencilla enunciación de ver- sentido de la revolución económica que acaba dades semejantes y de tener, al mismo tiem- de producirse, podrá marchar tranquila y po, la obligación de recordar que, además, confiada por el carninp del bienestar. En sus el ejemplo de las naciones principales confir- manos están las llaves del paraíso terrenal; ma plenamente nuestras afirmaciones- esperemos que encuentre ahora el agujero de Efectivamente, en todos los países- -excepr la cerradura. -Ráymond Patenotrk. ción hecha de Suiza y Holanda que continúan cometiendo los mismos errores que by i Bapexe