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IJl DOCTORA GONZÁUKS BAKKIO CON SüS AWJlttlÁS. (F O T O V. SIÜRO) í UNA SINCERA CONFESIÓN DE LA DOaORA NIEVES GONZÁLEZ BARRIO o hemos querido que ett este itúniero de BLANCO Y NEGRO faltase la firma de una doctora, y a nuestras preguntas, algunas indiscretas, ha contestado amablemente la doctora Nieves González Barrio: -H e tenido la gran fortuna de nacer pobre. Mi infancia y primera juventud trascurrieron en un pueblo pequeño (V acervera) de la provincia de León. Mi madre, maestra, ganaba 500 pesetas al año; mi padre, de un talento nada común, una laboriosidad infatigable y una honradez a toda prueba, traba- jaba sin descanso para sacar adelante a sus nueve hijos en escala de doce a catorce meses. Yo, que era la mayor, tenía que ayudar desde muy pequeña, a mi madre en las faenas escolares y domésticas y a mi padre en el modesto comercio que tenía establecido. Mi afición a los libros iba en aumento y mis padres estaban decididos á toda clase de sacrificios. Renuncié a la escuela para ir a la Universidad. Vi anunciadas opoísiciones a becas para estudiar Medicina én Salamanca me presenté con una docena de muchachos y obtuve el numero i. Fui alumna interna por oposición, trabajé gratuitamente en la Gota de Leche varios años, y en 1914, con mi carrera brillantemente teminada, vine a Madrid, paira hacer el doctorado y empezar el ejercicio profesional. N Para ganarme el pan jenseñaba en tín colegio de señoritas Msíca, Química, Matemáticas, ¡hasta Agricultura! El tieht o que me quedídja libíre lo dedicaba a trabajos- de laboratorio, por los que, desde luego, sentí, gran inclinación; trabajaba bajo la dirección del profesor Pittaluga en San Carlos y en el Instituto Nacional de Higiene. En. junio de 1915 aprobé con sobresalientes y matrículas de honor las asignaturas del doctorado y en septienibre aprobé la tesis doctoral, también con nota de sobresaliente. En 1917 obtuve por concurso una plaza de médico municipal en Tetuán (Marruecos) A los dos meses me nombraban, isin yo solicitarlo, médico del harén de Sú Alteza Imperial el Jalifa. En 1918 fui médico rural dos meses. En este año, y a propuesta del Dr. Pittaluga, con quien seguía trabajando en sus laboratorios, oficiales y privado, entré a formar parte del personal técnico del Instituto Ibys. En 1921 salí pensionada para el extranjero. Durante varios meses visité, en París, el Instituto Pasteur, los hospitales y asilos de niños y otras oliras de protección a la infancia; después fui a Norteamérica, donde estuve algo más de un año. Trabajé seis meses en la clínica, famosa en el mundo, de los hermanos Mayo, en Róchester; después visité los hospitales de Chicago y Nueva