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DUQUE. -Mirad que no ha de ser cosa dé jarabe, ni purga ni sangría, ni otra suciedad de las que soléis dar. DOCTOR. -Otro campo se nos apareja. DUQUE. ¿Cómo así? DOCTOR. ¿Qué cosa es mandarme vuestra señoría que yo le cure y suspenderme los medios con que le tengo que curar? DUQUE. -Pues, ¿cómo no sabéis otra cosa sino jaropar y purgar y sangrar? DOCTOR. -Un sastre no Sabe otra cosa sino cortat y coser, mándele vuestra señoría que os haga un jubón muy justo sin cortar y coser; y un platero y todos los otros maestros mecánicos no saben otra cosa sino apartar y juntar; mande vuestra señoría que os labren una casa de madera sin cortar y clavar y burlarán de vuestra señoría. El físico no sabe sino apartar lo malo y juntar lo bueno. Si a este et a todos los otros oficiales quitáis el apartar y juntar, podéis asentaros al par dellos. A continuación dice Villalobos: mas mucha diferencia va del purgar y sangrar hecho sabiamente al que se hace fortuitamente... y después de las razones de cómo y cuando se debe sangrar, termina así: y en cuanto a la purga es menester asimismo guardar Sería: pueril juzgar de lo que valían aque- temples y coyunturas, que el buen físico y llos médicos por lo que pudieron saber, i Den- la buena estimativa los entiende trejor que tro de unos siglos, no causará tal vez asom- el ruin, así como el buen ballestero acierta bro que ahora ignoremos lo que se sabrá, más veces a la presa, aunque el ruin haga pese a nuestro decantado progreso? muchos más tiros Y no es poco vislumbrar lo que se igtiora. cosas i En este campo de la Medicina, esa simple y Quevedo, en el Libro de todas las- Para otras muchas mes, en el capítulo noción de su ignorancia, a cuántos atrevidos saber todas las ciencias y artes mecánicas haría enmudecer! y liberales en un día escribió: Si quieres Habría que añadir, para los que no creen ser famoso médico... Recetar lamedores, en el progreso de la Medicina, que es asom- jarabes y purgas, para que tenga que vender broso. En este puntó concreto de la infec- el boticario y que padecer el enfermo. Sanción puerperal, que tantas vidas de madre ha costado y cuesta, pues en Norte América, grarle y echarle ventosas; y hecho esto una país de estadísticas, la que se ha hecho a este vez, si durare la enfermedad, tornarlo a respecto demuestra que nace un niño cada hacer hasta que, o acabes coii el enfermo o trece segundos y muere una mujer cada con la enfermedad. Si vive y te pagan di treinta minutos por accidentes de sU mater- que llegó tu hora, y si muere di qué llegó nidad, lo que supone la muerte de una ma- la suya t a s tribulaciones del médico, el agobio de dre por 150 nacimientos y en la misma estadística se dice que de estas muertes, el su responsabilidad inminente y directa, des 65 por 100 se debe a causas perfectamente velos y amarguras de todas las horas, de toevitables. Estas las conocemos con toda dos los días no encuentran el consuelo de la exactitud y no las ignoramos los médicos comprensión; antes por el contrario, cuando españoles; la mortalidad por esta causa en no el vilipendio, el escarnio y la mofa. España ha descendido considerablemente. Desde Juvenal, cuando citaba al médico Y no por cuenta de aparatos más o me- Psitacus, que producía fiebre a los enfernos perfeccionados, en los que los profanos mos con las manos heladas de sus trescienven el progreso de la Medicina y nosotros tos discípulos, hasta nuestros días, la Medicina ha sido el más socorrido y fácil pasto el ingenio de un fabricante. Lo esencial en Medicina, como en todas de la sátira. Los que hemos consagrado la vida al ejerlas ciencias, es el concepto. La Ciencia se nutre de conceptos; para adquirirlos se pre- cicio efe esta noble profesión nos consolamos pensando con Hebbel, que: La burla es la cisa larga y premiosa preparación. En ese diálogo que hemos citfido del Doc- prueba de la soliáez de los serios. Lo que no tor Villalobos, con el Duque de Alba, cuan- puede soportar la burla tiene pies endebles. do éste le pide al doctor remedio para el Esto sirve para fa vida y para el Arte Y amargor de 1) 0 ca, contesta Villalobos que le también, hay que añadir, para: la Medicina. dará todo el remedio que sea menester y conJosé María de Otaola. tiniía el diálogo en esta forma: ra de las propias desventuras para eximirnos así del aflictivo agobio de la responsabilidad que en padecerlas nos pueda alcanzar y quede a salvo lo poco de que podamos vanagloriarnos y que nos corresponde por entero. En este negocio de la salud, que tanto importa, ya que hasta el presente no se ha descubierto cosa menos mala que los médicos para enderezarla y raro es que no sé tuerza, ni hay otras cosas que las que los médicos mandemos, no habrá más qué conformarse, aunque no nos falte alguna razón para decir a los enfermos, como el insigne Villalobos, ya citado, decía al Duque de Alba, en el célebre diálogo que mantuvo con él: Mas como nos cargáis la culpa de las enfermedades que Dios os da por vuestros errores ¿por qué no nos dais gracias por la salud que Dios os da por nuestras manos? Cuando vuestra señoría ha vencido en alguna guerra, ¿por qué pedís mercedes al Rey, pues que Dios da la victoria? Enfermos de tan alta condición como los que hemos reseñado, estarían, a no dudar, atendidos por los médicos de más prestigio, que resumían el saber de entonces; a través de ellos podemos juzgar del estado de. la Medicina en aquellos tiempos.